La mañana en Puerto Ceniza nació muerta, sepultada bajo una neblina tan espesa que el Faro Negro apenas era un borrón carbonizado contra un cielo de color ceniza. El aire no solo era frío; era pesado, cargado con una humedad que se adhería a la piel como una película de aceite.
Dan no había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, el eco del grito del anciano y ese nombre maldito, Y'ha-nthlei, rebotaban en las paredes de su cráneo como un insecto desesperado atrapado en un frasco de vidrio. El sonido no era humano; era un gorgoteo que parecía burbujear desde el fondo de una fosa abisal y vibraba.
El timbre sonó puntualmente a las siete. El sonido, metálico y estridente, hizo que Dan diera un respingo, tirando casi la taza de café vacío que sostenía entre sus manos temblorosas. Era Charlie.
Al abrir la puerta, Dan se topó con una mancha de color estridente: su vecino llevaba un impermeable amarillo chillón que parecía demasiado nuevo, demasiado brillante para la opacidad del día.
—Lamento la hora, Dan —dijo Charlie. Su sonrisa habitual estaba allí, pero no alcanzaba sus ojos. Estos se veían inyectados en sangre, con las pupilas dilatadas a pesar de la escasa luz—. El sheriff necesita una declaración formal sobre lo que viste en la playa. El viejo... bueno, el forense ya lo tiene en la clínica. Dicen que fue el corazón, pero ya sabras cómo es este pueblo, les gusta el papeleo.
Dan aceptó ir, más por la necesidad de respuestas que por deber ciudadano. Después de la experiencia de su primer día, lo menos que quería era involucrarse en problemas, pero sentía que los problemas ya lo habían marcado con una huella invisible.
—Entra, al menos déjame dar una probada a mi café —dijo Dan, haciéndose a un lado. Necesitaba un ancla en la realidad—. No deseo afrontar lo que viene sin la dulce fuerza de la cafeína.
—Lo necesitas, amigo mío. Parece que tuviste una noche para el olvido —comentó Charlie, entrando con un paso pesado que hizo crujir la madera del recibidor.
El aroma a huevos revueltos con jamón y pan fresco inundó la cocina, un contraste casi violento con el olor salino que se colaba por las rendijas. Wendy había estado muy callada desde el amanecer. Se movía por la cocina con una eficiencia mecánica, sus ojos fijos en el plato tras sentarse.
—Te lo dije, Dan. Venir aquí traería problemas —exclamó ella. Su rostro, extrañamente sereno, era una contradicción absoluta al tono cortante de su voz—. Deberíamos haber vendido la casa de la ciudad y buscado algo en las colinas. Lejos del agua, o irnos a otra ciudad.
—Debes calmarte, Wendy —Dan se acercó y le dio un ligero beso en la sien. Sintió su piel inusualmente fría—. Es algo que pudo pasarle a cualquiera, un accidente en la playa. ¿Verdad, Charlie?
Buscaba la complicidad del vecino. Charlie, observando la escena desde la mesa, asintió con una parsimonia casi hipnótica.
—Así es, señora Gondell. No debe preocuparse. En Puerto Ceniza cuidamos de los nuestros. Con los días, le aseguro que verá este pueblo como su verdadero hogar. —Sonreia de nuevo con amabilidad y una voz alegre—. Como el lugar al que siempre pertenecieron.
Wendy no habló más. Hizo un gesto casi imperceptible con la cabeza y volvió a sus labores. Dan terminó su desayuno a toda prisa, dejando a su esposa ensimismada, mirando fijamente cómo el agua del grifo corría por el fregadero sin llenar nada, perdida en un trance que Dan no se sintió capaz de romper.
Al salir, el auto de Charlie esperaba en la entrada. Era un vehículo viejo, con la pintura opaca por el sol y un motor que rugía como un animal salvaje, era un auto con clase, de los que gustaban a los hombres, un auto caro de colección.
Mientras avanzaban, Dan observó las casas del complejo: algunas bien cuidadas, otras con un desgaste visible, donde la madera se retorcía y el moho devoraba las fachadas con un hambre vegetal, parecía ser una constante en el pueblo, una batalla entre lo deteriorado y lo nuevo, no parecía encajar con lo habitual en un pueblo aislado como ese.
—De verdad te ves terrible, Dan. ¿Seguro que solo fue el café lo que te faltó? —preguntó Charlie, mirándolo de soslayo.
—No pude dormir bien. El faro... —hizo una pausa— parecía estar más cerca anoche.
—Es el efecto de la neblina. Distorsiona las distancias —Charlie sonrió, pero sus manos apretaban el volante con una fuerza innecesaria—. Pero no te angusties, todo terminará rápido. Iremos al encuentro del Doctor Arishtor para el examen forense y el comisario Brice te hará las preguntas de rutina. Son buenas personas, muy... tradicionales.
Dan asintió, pero la curiosidad le quemaba la garganta.
—Oye, Charlie... ¿Qué sabes de ese anciano? Ayer dijo cosas... extrañas. Hablaba de algo retenido por el faro. Un lugar... Y'ha-lo-que-sea. Parecía otra lengua.
Charlie guardó silencio por un largo tramo. No parecía sorprendido, sino más bien evaluando cuánta información darle. Sus labios se torcieron en una mueca que intentaba ser reconfortante.
—Ya te lo dije, era un viejo loco. Estaba trastornado, siempre hablando del apocalipsis y del "Gran Arribo". No le des importancia, Dan. —dejo salir una risa, su calva brillo por un rayo de sol que se colaba por entre las nubes— Solo tuviste la mala fortuna de cruzarte con sus delirios. Disfruta de la vista, pronto serás uno de nosotros y estos miedos te parecerán tontos.
Dan miró a su vecino: calva reluciente, cuerpo regordete, ojos verdosos como esmeraldas turbias. Intentó relajarse, pero al mirar por la ventanilla, el Faro Negro emergió entre la bruma como una columna vertebral de obsidiana. Se sintió pesado, hipnotizado. Sus párpados empezaron a cerrarse contra su voluntad...
A las ocho y media, Clara, la esposa de Charlie, llamó a la puerta de los Gondell. Wendy abrió, encontrándose con una mujer de piel blanca y ojos que parecían querer registrar cada rincón de la casa.
—Buenos días, querida —Clara entró casi sin invitación, depositando un beso cálido en la mejilla de Wendy—. Traigo algo de compañía y unas galletas que hice está mañana. Charlie me dijo que estarías sola.
#73 en Terror
#577 en Thriller
#195 en Suspenso
horror cosmico, una carrera contra el tiempo, horror y misterio
Editado: 18.04.2026