El Fénix y la Nieve

Capítulo 37- Batalla

Hui le entregó una carta de Baixue y unos sacos grandes que traían los hombres que lo acompañaban. La nota era breve, y no muy personal, imaginaba que ella había tenido cuidado con eso. Sonaba a mensaje de un aliado, no de una enamorada.

Aún así cada palabra le llegaba al corazón, porque sabía que no estaba solo.

“Perdón por no decirte antes, no sabía si llegarían a tiempo. Están entrenados, así que podrán montarlos fácilmente. Que tengas un regreso victorioso”

Luego de leer Wu Fang abrió uno de los sacos para ver su contenido. Eran capas blancas, para lso jinetes. Ella pensaba siempre en todo.

-Dale las gracias de mi parte- dijo a Hui –Descansa y come algo.

-No, le explicaré a Songchen algunas cosas sobre los animales y volveré con mi señora- dijo el guardia y él agradeció que ellos pusieran primero a Baixue, le daba tranquilidad. Asintió y regresó a su tienda de campaña, llamando a una reunión urgente con sus generales.

La Nieve le había dado un regalo y una ventaja, necesitaba planear cómo usarla.

Las grandes batallas eran todas iguales.

Choque de espadas, gritos, sangre y muerte.

Solo quien salía victorioso podía escribir la historia.

Y para ganar era importante que todo saliera según lo planeado.

Nada podía fallar, cuando llegara el momento, tenía que enviarse una señal de fuegos de artificio a las tropas que estaban ocultas en puntos estratégicos, puntos que habían descubierto gracias a lso mapas antiguos que le había dado La Nieve. Esas tropas estarían a los flancos y retaguardia de lso enemigos, iban a encerrarlos, pero la comunicación no debía fallar y debían actuar en perfecta sincronía, para lograr el efecto sorpresa.

Y él iría la carga con los generales, mientras un ejército “fantasma” de caballos y jinetes blancos lo seguían en mitad de una tormenta de nieve.

-¿Ahora? – preguntó Songchen.

-No, no aún respondió Wu Fang que esperaba.

“No se puede viajar contra el viento, hay que esperar que esté a favor, hay que conocer cómo funciona. En general cuando se pone más frío, vira de dirección, hay que esperar el momento más álgido, cuando sientes que ya se lastima la piel, luego cambia y puedes usarlo a favor, como si te empujara en lugar de detenerte” le había explicado Baixue, así que ahora estaba esperando ese momento exacto.

El momento en que el viento también los acompañara.

Ella tenía razón, podía sentirlo, el frío casi doloroso en la piel y el cambio en la dirección del viento.

-¡AHORA!- gritó y la batalla final inició.

Ir a la guerra, pelear, era meterse en el centro mismo del caos y desdoblarse en dos que habitaban el mismo cuerpo, por un lado estaba la ferocidad del guerrero, el instinto puro de supervivencia que convivía con la mente fría del estratega. Era lo más cercano a la locura, y durante un par de días, Wu Fang se sumergió completamente en ella hasta que llegó la victoria.

Y estaba allí, vivo, parado en el campo de batalla, ensangrentado por heridas leves y por la sangre de los enemigos, con la espada aún desenvainada, sus hombres alrededor, algunos heridos pero vencedores.

Estaba allí, en un estado que mezclaba euforia, agotamiento y perplejidad.

Había logrado lo imposible, había recuperado aquellos territorios, podría volver a reclamar su lugar.

Tras dos años en el norte, todo había terminado.

-Su Alteza, ¿cuáles son las órdenes? – preguntó Songchen.

-Que te hagas atender esa herida tan pronto puedas – dijo señalando su hombro que tenía un corte profundo.

-Lo haré, cuando volvamos.

-Necesitamos que se asegure la nueva frontera con los hombres que estén en mejores condiciones, y hacer un recuento de los heridos y los muertos. Y necesitamos levantar una pequeña tienda para reunirnos con los generales y tratar con los heridos que no podamos trasladar inmediatamente al campamento.

-Yo me encargo- dijo y Wu Fang lo detuvo

-Dije que primero tu hombro- insistió y casi lo arrastró con él hasta hallar al médico militar que los acompañaba. Luego, cuando estuvo atendido, juntos se encargaron de organizar lo demás.

En la reunión, los generales le insistieron al Príncipe que regresara a descansar al campamento y también que enviara el mensaje de su victoria a Palacio.

Él se resistía a ambas cosas, antes que ir al campamento prefería volver a la fortaleza, quería ver a Baixue, pero sabía que necesitaba descansar un poco y que su estado actual la asustaría. Al menos debía quitarse aquella armadura ensangrentada, darse un baño y dormir un par de horas

Y hubiera preferido retrasar el mensaje a Palacio porque una vez que la noticia se supiera, significaba que debía empezar otra batalla, cuando la Concubina Shuan se enterara de su victoria, empezaría a tramar un nuevo plan para quitarlo del medio y él debía empezar a preparar su contraataque.

Estaba agotado. Quería un poco de paz antes, un hiatus entre guerra y guerra, aunque sabía que no era posible.

Finalmente escribió tres mensajes escuetos sobre su victoria y lo entregó a los jinetes más rápidos

Uno a Palacio

Uno a Longxuan

Uno a Báixuě en la fortaleza

Dos mujeres serían felices con esa noticia y otra lo maldeciría.

Luego, acompañado de Songchen y sus hombres más cercano regresó al campamento, allí se dio un baño, se hizo curar las heridas superficiales que tenía y descansó.

Al día siguiente volvería a la fortaleza, y mientras todo se reorganizaba ene l norte con los territorios recuperados , por lo menos tendría un par de semanas antes de ponerse en marcha para regresar a la capital.

Durmió poco, antes del amanecer recibió los informes de la batalla, envío ordenes y partió hacia la fortaleza.

Le había prometido volver, quería cumplir tan pronto fuera posible con aquella promesa. La única que se había animado a hacerle.

Al llegar , los soldados de la fortaleza y los pocos habitantes del lugar estaban esperándolo a la entrada y los recibieron con vítores por la victoria que ponía fin a la guerra. El clima de pura algarabía, y emoción era algo único, hacía tiempo que no veía algo así, pero su mirada buscaba a una sola persona entre la multitud.




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