Bueno, un poco más de ellos, y me temo que empezamos con la parte no tan agradable, así que al mal trago darle prisa
Abrazos
¿Avisará BN?
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Los dos días restantes fueron una mezcla de preparativos, estrategias, mensajeros que iban y venían, y dos noches más en que se perdieron y se encontraron uno en brazos del otro, nieve y fuego. Fundirse , morir, renacer en la pasión.
Pasaban tanto tiempo juntos como podían de día, como siempre , para Wu Fang, Baixue era su consejera más fiable y planificaban juntos.
Y apenas el sol se ocultaba, ellos se ocultaban de los demás para amarse, hacían el amor lento, con ternura y también hacían el amor casi en estado febril desesperados. Y luego se quedaban abrazados, agotados, hablando en susurros hasta dormirse.
-Quédate – dijo Wu Fang la última mañana cuando al amanecer, ella se levantó de la cama y comenzó a vestirse.
-Tenemos mucho que preparar antes de irnos- le dijo
-Quédate- insistió tirando de ella hacia él y la besó despacio, suave. Ambos sabían que podía ser la última vez, ya no tendrían un refugio para perderse uno en el otro, tendrían que volver a viajar y a preocuparse por el mundo real. Y luego se separarían.
Ella se quitó la túnica y respondió a sus besos y caricias.
Tal vez había sido un error porque ahora entendía que al entregarse a él había creado un vínculo distinto, aunque pasaran los años, recordaría las sensaciones, el aroma y la textura de su piel, la forma en que la tocaba, la forma en que lo sentía profundamente en su interior, la forma en que la miraba cuando el placer los embargaba. Había cambiado para siempre, ya no era ella, sino que iría por la vida acompañada por el eco de esos días, Wu Fang se convertiría en una sombra de ausencia que solo ella percibiría. Tal vez había sido un error, pero no se arrepentía.
Ahora tenía que tratar de mantenerlo a salvo.
Luego de que se levantaran y desayunaran, y antes que él empezara a vestirse con su ropa de soldado, ella lo detuvo.
-Espera, tengo algo para ti – dijo y le trajo una malla tejida de metal– Póntela -Wu Fan la evaluó, era un tejido fino y delgado aunque parecía resistente –Fue hecha por un artesano orfebre, y ponte esta otra arriba- dijo entregándole una armadura lamelar con pequeñas placas de metal y cuero entrelazadas , era de una calidad muy superior a la que él usaba y le quedaba perfecta.
-Me queda…
-Fue hecha a medida para ti, muévete a ver si no te molesta – dijo y él sonrió.
-¿Es divertido?- medio se enfadó ella al verlo tan risueño- Estoy tratando de que no te atraviesen con una espada.
-Lo siento, pero sí es divertido en cierto sentido, he escuchado de los hombres que le compran fina ropa de seda a sus amadas, pero yo soy quien ha recibido ropa de invierno de tu parte y ahora una armadura a medida.
- Es difícil mantenerte a salvo, Alteza, a veces creo que careces de sentido común.
- Siempre he sido muy sensato, hasta que llegaste a probar que no lo era tanto.
-Y no andes diciendo por ahí que yo te he comprado ropa, no suena adecuado- dijo mientras revisaba que la armadura le fuera bien.
-También me compras té y me regalas mapas y caballos. Ahora que lo pienso, creo que me has estado cortejando desde hace mucho- siguió bromeando y ella le cubrió la boca antes que lo escucharan.
-¡Wu Fang!
-Estaré bien, y espero que tengas otra de estas a tu medida – le dijo un poco más serio.
-Sí, también tengo una malla de esas, me temo que no soportaría el peso de la armadura, pero Samid y los demás estarán cerca. Así que preocúpate por ti, tienes que llegar a Palacio y derrotarlos.
- Lo haré – dijo y la besó. Y lo haría porque el precio que iba a pagar por aquella victoria sería ella, así que haría que valiera la pena, derrotaría a sus enemigos de una vez para siempre.
Una vez que todo estuvo listo, partieron con su ejército para retomar su camino hacia la capital
Ella siguió cabalgando junto a él, pero ambos sabían que mientras se alejaban de aquella casa, también dejaban atrás una parte de ellos.
Avanzaron durante días, y al octavo día, le llegaron informes a Wu Fang que lo pusieron en alerta. Parecía ser que el ataque sería antes de lo previsto, pronto llegarían a Chang y eso era una suerte, recordaba que Báixuě tenía negocios allí, así que cuando hicieron un alto en el camino para descansar y comer, él se escabulló para hablar con Samid. Necesitaba que lo ayudara. Él iba a arriesgar su vida, pero la quería a ella a salvo.
Cuando estaban por ingresar a la ciudad, Hui le trajo una nota a La Nieve diciendo que necesitaba que pasara por la tienda de cerámicas.
-Si tienes asuntos que atender, ve, te reúnes con nosotros luego – insistió Wu Fang cuando ella se lo comentó.
-De acuerdo, será poco tiempo, no creo que sea algo urgente. Así que ve lento, me reuniré con ustedes cuando estén saliendo de la ciudad – dijo y él asintió. La Nieve y sus hombres se separaron de la columna del ejército y se adelantaron.
-¡Vamos! – dijo él y dio la orden de avanzar mientras Zhoncheng se ponía a su lado
-¿Está seguro? Al llegar a Chang, seguro se dará cuenta.
-Sí, pero Samid y su gente la entretendrán y retrasarán, si todo va bien regresará una vez que el ataque haya sucedido y si sale mal se encargarán de mantenerla alejada. Vamos, no los hagamos esperar.
-Su Alteza…
-Zhongchen, solo ocúpate de atrapar a los culpables, no dejes que mueran ni que escapen, los necesito como testigos- le dijo y luego azuzó a su caballo. Una vez más la muerte parecía buscarlo, iba a enfrentarla y esquivarla porque Baixue nunca le perdonaría que se dejase matar.
La emboscada se llevó a cabo el décimo día de viaje.
La gente de la ciudad lo esperaba para recibirlo, y casi sin darse cuenta su ejército quedó atrapado en una calle estrecha, con la gente que estaba delante para recibirlos y los enemigos que se infiltraron por la retaguardia y los flancos para atacarlos.