La noche había llegado.
No era una noche normal.
Desde que el mundo cambió, la oscuridad parecía más profunda, más pesada. Como si el cielo mismo estuviera observando la tierra en silencio.
Las calles estaban vacías.
Las luces de algunos postes aún parpadeaban débilmente, iluminando pedazos de concreto roto, autos abandonados y edificios dañados.
Gabriel caminaba lentamente por la avenida.
Su mochila colgaba de un hombro y sus zapatos estaban llenos de polvo.
—Esto… no puede ser real —murmuró.
Había pasado horas caminando desde que escapó del caos de la ciudad.
Había visto cosas que no podía explicar.
Criaturas deformadas.
Personas huyendo.
Explosiones.
Gabriel se detuvo en medio de la calle.
El viento movía un pedazo de papel viejo por el suelo.
—Espero que alguien más siga vivo…
Entonces escuchó pasos.
Gabriel se tensó inmediatamente.
—¿Hola?
El sonido se detuvo.
Después de unos segundos, una figura apareció detrás de un coche volcado.
Era un chico de su misma edad.
El chico también parecía sorprendido.
—¿Gabriel?
Gabriel parpadeó.
—¿Nico?
Los dos se miraron durante unos segundos.
Luego soltaron un suspiro de alivio al mismo tiempo.
—Pensé que me había quedado solo —dijo Nico.
Gabriel negó con la cabeza.
—Yo también.
Nico caminó hacia él.
—¿Has visto a los demás?
Gabriel suspiró.
—No.
Los dos se quedaron en silencio un momento.
La noche hacía que todo se sintiera aún más inquietante.
Nico miró los edificios.
—Este lugar me da mala espina.
Gabriel asintió.
—A mí también.
Pero justo cuando iba a decir algo más…
Un coche cercano se movió.
El metal crujió.
Los dos giraron inmediatamente.
Algo salió de debajo del vehículo.
Una criatura.
Su cuerpo estaba torcido, como si hubiera sido deformado por una fuerza invisible.
Sus brazos eran largos y sus movimientos eran rápidos.
Nico retrocedió.
—No…
Otra criatura apareció en la acera.
Y luego otra más.
Gabriel apretó los puños.
—Genial…
Nico miró alrededor.
—No tenemos armas.
Las criaturas comenzaron a avanzar.
Gabriel tomó un pedazo de metal del suelo.
—Esto tendrá que servir.
La primera criatura saltó.
Gabriel golpeó con el metal.
El impacto apenas la detuvo.
La criatura empujó a Gabriel contra un coche.
El metal del vehículo se dobló con el impacto.
Nico intentó ayudarlo, pero otra criatura lo obligó a retroceder.
—¡Gabriel!
Gabriel cayó al suelo.
La criatura se acercaba lentamente.
No tenía fuerza para levantarse.
—Perfecto… —murmuró.
Su mano golpeó algo metálico en el suelo.
Gabriel miró.
Entre los escombros había **dos guanteletes metálicos extraños**.
Parecían pesados.
Con símbolos extraños grabados en la superficie.
La criatura saltó.
Gabriel agarró uno de los guanteletes por instinto.
En el momento en que lo tocó…
El aire vibró.
Una presión invisible recorrió el suelo.
Los **Guanteletes Gravitacionales** despertaron.
El cuerpo de la criatura fue empujado violentamente contra el pavimento.
El suelo se agrietó.
Gabriel abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué…?
La criatura intentó levantarse.
Gabriel levantó la mano.
El aire volvió a vibrar.
La criatura fue aplastada contra el suelo por una fuerza invisible.
Nico miraba todo con incredulidad.
—Gabriel… ¿qué hiciste?
Gabriel tampoco lo entendía.
—No lo sé…
Pero entonces Nico vio algo.
Apoyada contra una farola rota había una **katana plateada**.
La hoja reflejaba la luz de la luna.
Era hermosa.
Pero también parecía antigua.
Nico se acercó lentamente.
—Esto…
Gabriel gritó.
—¡Nico, cuidado!
Otra criatura saltó desde un techo.
Nico tomó la katana por reflejo.
En el momento en que la empuñó…
La hoja brilló con una luz blanca suave.
La **Katana de la Luna** había despertado.
El ataque de la criatura se detuvo en el aire.
Nico movió la espada sin pensar.
Un destello blanco cruzó la oscuridad.
La criatura cayó al suelo.
El silencio volvió por un momento.
Gabriel respiraba con dificultad.
Nico miraba la espada en sus manos.
—Creo que… encontramos algo importante.
Gabriel miró sus guanteletes.
La energía gravitacional aún vibraba en el aire.
—Sí…
Las criaturas restantes comenzaron a avanzar otra vez.
Pero ahora las cosas eran diferentes.
Nico levantó la katana.
La luz de la luna recorría la hoja.
Gabriel apretó sus guanteletes.
La gravedad del aire parecía moverse alrededor de él.
Los dos se miraron.
Gabriel sonrió un poco.
—Supongo que ahora sí tenemos una oportunidad.
Nico asintió.
—Entonces… sobrevivamos.
Las criaturas saltaron hacia ellos.
Y la batalla comenzó.
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en esta obra hay tragedias y amistad, en esta historia se tocaran varios temas, en esta historia hay amor y odio
Editado: 20.04.2026