el fin y el inicio de los reyes

# Volumen 5 ## Arco del Dragón # Capítulo 42 ### La Forja del Sol

El eco del martillo resonó por todo el templo.

**CLANG**

El sonido fue profundo.

Pesado.

Antiguo.

Israel sintió cómo la vibración recorría el suelo bajo sus pies.

El herrero levantó lentamente el enorme martillo que había apoyado en la piedra.

La energía del templo reaccionó.

Runas antiguas comenzaron a brillar alrededor del lugar.

La luz dorada iluminó las paredes llenas de símbolos.

Israel miraba todo con asombro.

—¿Qué… es este lugar realmente…?

El herrero caminó hacia el centro del templo.

—Este lugar…

Apoyó nuevamente el martillo en el suelo.

—Es una de las forjas más antiguas que existen.

Señaló el suelo.

Las runas comenzaron a moverse lentamente, formando círculos de energía.

—Aquí nacieron armas que cambiaron guerras.

—Armas que destruyeron imperios.

—Y armas que protegieron mundos.

Israel tragó saliva.

La espada Amateratsu vibró ligeramente en su mano.

Como si reaccionara a las palabras.

El herrero miró la espada.

—Sí…

—Recuerda este lugar.

Israel frunció el ceño.

—¿Recuerda?

El herrero asintió.

—Las armas divinas no son simples herramientas.

—Tienen memoria.

—Tienen voluntad.

Israel bajó la mirada hacia la espada.

La hoja emitía una luz roja cálida.

—Entonces…

—¿Ella sabe que estamos aquí?

El herrero sonrió.

—Claro.

Caminó lentamente hacia un gran altar de piedra que estaba en el centro del templo.

Encima del altar había marcas profundas.

Marcas de golpes.

Miles de ellos.

—Aquí fue donde nació Amateratsu.

Israel abrió los ojos con sorpresa.

—¿Aquí?

El herrero asintió.

—Hace mucho tiempo.

Colocó una mano sobre el altar.

—Cuando el mundo estaba al borde de la destrucción.

El aire se volvió más pesado.

Las runas brillaron más intensamente.

—Los dioses necesitaban una arma capaz de enfrentar la oscuridad.

—Una arma que pudiera contener el poder del sol.

Israel miró la espada otra vez.

—¿Por eso se llama Amateratsu?

El herrero asintió lentamente.

—La espada fue bendecida con el fuego del sol.

—El mismo fuego que pertenece a la diosa del sol.

Israel sintió un leve calor en su mano.

La espada brilló un poco más.

El herrero lo miró.

—Pero esa espada no nació completa.

Israel parpadeó.

—¿Eh?

—Las armas divinas crecen con su portador.

El herrero cruzó los brazos.

—Y tú apenas estás empezando.

Israel miró sus brazos.

La **armadura de incursión** brillaba con la misma energía que la espada.

El herrero volvió a observarla.

—Sigo sin creerlo…

Murmuró.

—Un humano construyó esa armadura…

—Y logró que resistiera energía divina.

Se acercó un poco más.

—¿Cómo la hiciste?

Israel pensó un momento.

—Usé materiales del laboratorio…

—Y algunos circuitos de energía.

El herrero levantó una ceja.

—¿Circuitos?

Israel asintió.

—Era un laboratorio de investigación.

—Intentábamos crear equipo que pudiera soportar energía anormal.

El herrero sonrió levemente.

—Interesante.

Caminó lentamente alrededor de Israel.

Observando los dos brazos.

—Entonces ya entiendes algo de forja.

Israel negó con la cabeza.

—No tanto…

—Solo hice pruebas.

—Muchas fallaron.

El herrero se detuvo frente a él.

—Eso es exactamente lo que hace un herrero.

Israel parpadeó.

—¿Eh?

—Fallar.

—Aprender.

—Intentar otra vez.

El herrero levantó el martillo.

—La diferencia entre un herrero común…

La energía del templo comenzó a concentrarse.

—Y uno capaz de crear armas divinas…

La luz dorada se volvió más intensa.

—Es la voluntad.

El martillo cayó contra el altar.

**CLANG**

El sonido sacudió todo el templo.

Un círculo de fuego apareció en el centro del altar.

Israel retrocedió un paso.

—¡¿Qué es eso?!

El herrero sonrió.

—Una demostración.

El fuego comenzó a girar lentamente.

No era fuego normal.

Era fuego dorado.

Como el fuego del sol.

Israel sintió el calor incluso a varios metros.

—Este es el fuego que creó Amateratsu.

La espada en la mano de Israel vibró con fuerza.

La luz roja de la hoja respondió al fuego.

Como si estuviera saludándolo.

El herrero lo miró.

—¿Lo sientes?

Israel asintió lentamente.

—Sí…

—Es como…

Buscó las palabras.

—Como si la espada estuviera… feliz.

El herrero sonrió.

—Exactamente.

Luego su mirada se volvió seria.

—Pero antes de enseñarte a forjar…

Miró la espada.

Luego los brazos de Israel.

—Primero necesito saber algo.

Se acercó un poco más.

Sus ojos se fijaron directamente en los de Israel.

—Esa energía dentro de ti…

Israel se tensó.

—No es solo tuya.

El silencio llenó el templo.

La espada vibró suavemente.

El herrero entrecerró los ojos.

—Hay algo más.

Israel sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Una voz suave apareció en el fondo de su mente.

—Israel…

Era **Fleta**.

Otra voz, más fría, apareció después.

—Parece que nos descubrió.

**Lisetta.**

Los ojos del herrero brillaron.

—Ya veo…

Sonrió lentamente.

—No estaba equivocado.

Se enderezó.

—No eres un portador común.

Israel tragó saliva.

El herrero habló con calma.

—Dentro de ti…

La energía del templo vibró.

—Hay **más de una conciencia**.

Israel se quedó completamente quieto.

El herrero apoyó nuevamente el martillo en el suelo.

—Esto se vuelve cada vez más interesante.

Miró al niño.




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