El silencio en el templo se volvió pesado.
La luz de las runas seguía brillando lentamente en el suelo.
El herrero observaba fijamente a Israel.
Pero no parecía estar mirando solo a él.
Era como si estuviera intentando ver **algo más profundo**.
—Interesante…
Murmuró.
Israel tragó saliva.
—¿Q-qué pasa…?
El herrero levantó una mano.
—Silencio un momento.
Sus ojos brillaron levemente con energía divina.
La presión en el aire aumentó.
El fuego dorado que giraba sobre el altar se volvió más intenso.
Israel sintió algo extraño dentro de su pecho.
Era como si algo estuviera reaccionando.
Una voz suave apareció en su mente.
—Israel…
Era **Fleta**.
—No te pongas nervioso.
Otra voz apareció inmediatamente después.
Más fría.
Más tranquila.
—Parece que este hombre puede ver más de lo que pensábamos.
**Lisetta.**
Israel frunció el ceño.
—¿Qué…?
El herrero sonrió ligeramente.
—Así que sí…
Israel se congeló.
—No estaba equivocado.
El hombre cruzó los brazos.
—Hay **tres presencias** dentro de ti.
El corazón de Israel latía rápido.
—¿Puedes… escucharlas?
El herrero negó con la cabeza.
—No exactamente.
Se acercó un poco.
—Pero puedo sentirlas.
La energía divina en el templo vibró.
—Una energía protectora.
—Una energía oscura.
—Y la tuya.
Israel se quedó en silencio.
El herrero miró directamente a sus ojos.
—Entonces dime algo.
—¿Quién eres realmente?
Antes de que Israel pudiera responder…
Una luz apareció a su lado.
Una figura comenzó a formarse lentamente.
Era una silueta hecha de energía.
Cabello largo.
Una presencia cálida.
La figura terminó de materializarse.
Era **Fleta**.
Israel abrió los ojos con sorpresa.
—¡¿Fleta?!
La chica lo miró con una pequeña sonrisa.
—Hola, Israel.
El herrero levantó una ceja.
—Ya veo…
—Así que puedes manifestarte.
Fleta miró al herrero con curiosidad.
—No completamente.
—Solo aquí.
—Este lugar tiene mucha energía divina.
La espada Amateratsu brilló con más intensidad.
El herrero asintió lentamente.
—Tiene sentido.
Entonces otra energía apareció.
Más fría.
Más pesada.
Una segunda figura comenzó a formarse.
Esta vez la presencia era distinta.
Más oscura.
Más tranquila.
Era **Lisetta**.
Su expresión era calmada.
Pero sus ojos observaban todo con mucha atención.
—Así que este es el herrero.
Dijo con voz baja.
El herrero sonrió.
—Bien.
—Ahora sí estamos todos.
Israel miraba a ambos lados completamente sorprendido.
—¿Por qué pueden aparecer aquí?
Lisetta respondió primero.
—Este lugar tiene demasiada energía divina.
Fleta asintió.
—Y Amateratsu también está reaccionando.
El herrero caminó lentamente alrededor de ellos.
Observando a las tres presencias.
—Un portador con tres almas…
—Una espada divina…
—Una armadura creada por un humano que puede soportar energía divina…
Negó con la cabeza.
—Definitivamente el destino tiene sentido del humor.
Israel suspiró.
—Nos pasa mucho…
Fleta rió un poco.
Pero Lisetta seguía observando al herrero.
—¿Qué planeas hacer con nosotros?
El herrero se detuvo frente a ellos.
—Lo mismo que dije antes.
Levantó el martillo.
—Entrenarlos.
Israel parpadeó.
—¿A los tres?
El herrero asintió.
—Exactamente.
Apuntó el martillo hacia el altar.
El fuego dorado seguía girando lentamente.
—Si van a portar Amateratsu…
—Entonces deben entender **cómo nació**.
Fleta cruzó los brazos.
—¿Y qué quieres que hagamos?
El herrero sonrió.
—Primero…
Le lanzó algo a Israel.
Israel lo atrapó por reflejo.
Era un pequeño bloque de metal oscuro.
El metal era pesado.
Pero también estaba caliente.
—¿Qué es esto?
El herrero respondió con calma.
—Metal divino.
Israel abrió los ojos.
—¿¡Qué!?
Lisetta lo observó con interés.
—Así que empezamos fuerte.
El herrero señaló el altar.
—Tu primera prueba es simple.
Israel lo miró.
—¿Simple?
El herrero sonrió.
—Golpéalo.
Israel miró el metal.
Luego el martillo gigante del herrero.
—¿Con qué?
El herrero chasqueó los dedos.
Una mesa apareció al lado del altar.
Encima había herramientas.
Martillos.
Pinzas.
Instrumentos de herrería.
Israel se quedó mirando todo.
Fleta se acercó al metal.
—Esto… tiene mucha energía.
Lisetta sonrió levemente.
—Perfecto para una prueba.
El herrero cruzó los brazos.
—Quiero ver algo.
Israel levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
El herrero respondió con calma.
—Quiero ver si un humano que construyó su propia armadura…
—Tiene talento para convertirse en un **herrero divino**.
El fuego dorado iluminó el templo.
Israel miró el metal.
Luego las herramientas.
Luego la espada Amateratsu.
Respiró profundo.
—Muy bien…
Tomó el martillo.
—Intentaré hacerlo.
El herrero sonrió.
Fleta también.
Lisetta cerró los ojos un momento.
Y el primer golpe cayó sobre el metal.
**CLANG**
El sonido resonó por todo el templo.
Y con ese golpe…
Comenzó el verdadero entrenamiento de Israel.
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en esta obra hay tragedias y amistad, en esta historia se tocaran varios temas, en esta historia hay amor y odio
Editado: 07.06.2026