El viento ardía.
No era una metáfora. Literalmente ardía.
Israel nunca había sentido un aire tan caliente. Cada respiración parecía atravesar su pecho como si inhalara brasas.
Frente a él se extendía el **campo de guerra** de aquella dimensión.
No era un simple campo.
Era un territorio gigantesco donde montañas enteras habían sido cortadas, donde el suelo estaba cubierto por cicatrices de energía divina y donde el cielo parecía estar constantemente iluminado por relámpagos de poder.
En la distancia se escuchaban rugidos.
Rugidos que hacían temblar la tierra.
Bestias.
Bestias corruptas.
Israel apretó ligeramente la empuñadura de su espada.
La hoja de **Amateratsu** vibró suavemente, como si también estuviera reaccionando al ambiente.
A su lado caminaba la diosa del sol.
Amaterasu
Su presencia hacía que todo el entorno brillara con una luz cálida, pero poderosa.
Mientras caminaban, Israel no pudo evitar mirar el horizonte.
Gigantescas criaturas combatían contra dragones y entidades divinas.
Cada choque liberaba explosiones de energía capaces de destruir ciudades enteras.
Israel tragó saliva.
—Esas cosas…
Amaterasu respondió sin mirar atrás.
—Son bestias corruptas.
Una de las criaturas en la distancia rugió.
El sonido atravesó el aire como un terremoto.
—En tu mundo… —continuó la diosa— esas criaturas habrían sido consideradas desastres absolutos.
Israel recordó las bestias que había enfrentado antes.
Aquellas criaturas ya eran aterradoras.
Pero las que veía ahora…
Eran monstruos completamente diferentes.
—En este mundo —dijo Amaterasu— los dioses las destruyen constantemente.
Israel frunció el ceño.
—Entonces… ¿por qué siguen apareciendo?
La diosa se detuvo.
Giró lentamente.
Sus ojos brillaron como el amanecer.
—Porque evolucionan.
Israel sintió un escalofrío.
—Cada vez que destruimos una —continuó ella— la corrupción aprende.
El viento sopló con fuerza.
—Y la siguiente es más fuerte.
Israel bajó la mirada hacia su espada.
—Entonces… ¿qué se supone que debo hacer?
Amaterasu lo observó en silencio por unos segundos.
Luego extendió la mano.
La espada reaccionó.
Las llamas doradas comenzaron a recorrer la hoja.
—Primero… —dijo— aprenderás a usar esta espada correctamente.
Israel levantó la mirada.
—Ya sé usarla.
La diosa lo miró.
El silencio duró exactamente tres segundos.
Luego…
Una presión gigantesca cayó sobre él.
El suelo bajo sus pies se agrietó.
Israel sintió como si una montaña estuviera cayendo sobre sus hombros.
Amaterasu habló con calma.
—No.
Su voz era tranquila.
Pero tenía el peso de un sol.
—Tú solo sabes **sostenerla**.
La presión desapareció.
Israel respiró profundamente.
—Entonces enséñame.
Amaterasu sonrió levemente.
—Eso haré.
La diosa levantó dos dedos.
—Pero antes…
La energía del sol comenzó a rodearlos.
El mundo a su alrededor cambió.
El campo de batalla desapareció.
Ahora estaban en un espacio completamente vacío.
Un lugar hecho de luz.
Israel miró alrededor.
—¿Qué es este lugar?
—Un espacio de entrenamiento.
Amaterasu caminó lentamente frente a él.
—Aquí podemos practicar sin destruir el mundo.
Israel levantó su espada.
—Bien.
La diosa levantó ligeramente una ceja.
—Muéstrame tus posturas.
Israel asintió.
Respiró profundamente.
Y se movió.
Su espada trazó tres cortes rápidos.
—**Corte Garra de Dragón.**
Tres líneas de fuego atravesaron el aire.
Amaterasu observó.
—Lento.
Israel se tensó.
Volvió a atacar.
Un nuevo movimiento.
Un giro.
Un corte descendente.
Fuego girando.
Amaterasu cruzó los brazos.
—Tu postura es inestable.
Israel frunció el ceño.
—No lo es.
La diosa apareció frente a él.
Tan rápido que Israel ni siquiera la vio moverse.
—Lo es.
Tomó su brazo.
Corrigió su postura.
—Tu centro de gravedad está mal.
Movió su hombro.
—Tu movimiento desperdicia energía.
Ajustó su muñeca.
—Y tu conexión con la espada es incompleta.
Israel respiró profundamente.
—Entonces… corrígelo.
Amaterasu dio un paso atrás.
—Muy bien.
El fuego comenzó a aparecer alrededor de ella.
—Escucha con atención.
La espada de Israel comenzó a brillar.
—No voy a enseñarte **una sola postura**.
El fuego se elevó como un sol naciente.
—Voy a mejorar **todas**.
Los ojos de Israel se abrieron.
—¿Todas?
Amaterasu asintió.
—Tus diez posturas actuales.
El fuego giró alrededor de ellos.
—Cada una evolucionará.
La diosa levantó la mano.
—Primera postura.
El aire ardió.
—**Corte Divino.**
Israel sintió el fuego recorrer su espada.
—Tu antiguo Corte Garra de Dragón era débil.
Amaterasu hizo un movimiento con la mano.
Una línea de fuego apareció.
Luego otra.
Luego otra.
Diez cortes aparecieron en el aire.
Todos al mismo tiempo.
—Ahora… cada corte puede multiplicarse.
Israel respiró profundamente.
—Desde uno… hasta diez.
El fuego desapareció.
—Pero eso depende de tu control.
La diosa continuó.
—Segunda postura.
El cielo del espacio de entrenamiento se oscureció.
Una luna roja apareció.
—**Luna de Sangre.**
El fuego formó un eclipse gigantesco.
—Cuando tu enemigo mire el cielo…
La luna ardió.
—Ya será demasiado tarde.
El fuego descendió como una lluvia de cortes.
Israel observó en silencio.
Amaterasu continuó.
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en esta obra hay tragedias y amistad, en esta historia se tocaran varios temas, en esta historia hay amor y odio
Editado: 07.06.2026