El rugido de las tres bestias sacudió el espacio de entrenamiento.
Israel no se movió.
Esta vez no.
El fuego de su espada ardía con más intensidad que antes, pero lo más importante… era su mirada.
Había cambiado.
Ya no era la de alguien que reaccionaba.
Era la de alguien que **decidía**.
A lo lejos, Amaterasu observaba en silencio.
Sin intervenir.
Sin advertir.
Sin ayudar.
Porque ese era el verdadero entrenamiento.
Israel dio un paso al frente.
—Bien…
Las tres bestias se lanzaron al mismo tiempo.
El aire explotó.
Israel respiró.
Y en lugar de atacar primero…
Cerró los ojos.
Por un segundo.
Un solo segundo.
El fuego de la espada dejó de expandirse violentamente.
Se estabilizó.
Se volvió… tranquilo.
Los ojos de Amaterasu brillaron ligeramente.
—Por fin…
Israel abrió los ojos.
Y se movió.
—**Primera postura… Corte Divino.**
Un solo corte.
Pero en el instante siguiente…
Cinco más aparecieron.
Luego ocho.
Luego diez.
Las líneas de fuego atravesaron el aire con una precisión mucho mayor que antes.
Una de las bestias recibió el impacto directo.
Su cuerpo fue cortado en múltiples partes.
Pero las otras dos no se detuvieron.
Una descendió desde el cielo.
La otra atacó desde el suelo.
Israel giró.
—**Séptima postura… Vuelo del Dragón.**
Su cuerpo se impulsó hacia el cielo.
Más rápido.
Más limpio.
Más preciso.
La bestia aérea intentó atraparlo.
Pero Israel ya estaba por encima.
Alzó la espada.
El fuego explotó.
Y cayó.
Como un meteorito.
—¡Ahora!
Miles de cortes descendieron junto a él.
El impacto sacudió todo el espacio.
La bestia fue atravesada por decenas de ataques simultáneos.
Cuando el polvo se disipó…
Su cuerpo comenzó a desmoronarse.
Pero la tercera bestia…
Seguía viva.
Y ya estaba frente a él.
Israel apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Una garra descendió directamente hacia su cabeza.
—…
Esta vez no bloqueó.
No retrocedió.
Simplemente…
Se movió un centímetro.
La garra pasó rozando su rostro.
El viento cortó su mejilla.
Pero Israel ya estaba dentro del rango de ataque.
—**Sexta postura… Punto de Quiebre.**
Un solo movimiento.
Silencioso.
Preciso.
El corte atravesó el aire.
Y en ese mismo instante…
La bestia se detuvo.
Completamente.
Sus ojos se abrieron.
Y luego…
Su cuerpo se partió desde el centro.
Israel bajó lentamente la espada.
El fuego desapareció poco a poco.
El silencio regresó al campo.
Amaterasu comenzó a caminar hacia él.
Sus pasos eran tranquilos.
Como siempre.
—Has mejorado.
Israel respiraba con fuerza.
Pero no estaba agotado como antes.
—Un poco…
Amaterasu negó ligeramente.
—Más que un poco.
Se detuvo frente a él.
—Pero aún no es suficiente.
Israel sonrió levemente.
—Ya me lo esperaba.
Amaterasu levantó la mano.
El espacio de entrenamiento comenzó a cambiar.
El campo desapareció.
Ahora estaban en un paisaje distinto.
Un cielo inmenso.
Un sol gigantesco iluminando todo.
Y debajo…
Un mar de fuego.
Israel observó alrededor.
—¿Otro entrenamiento?
Amaterasu asintió.
—El siguiente paso.
Israel apretó su espada.
—Dime.
La diosa lo miró directamente.
—Control absoluto.
El fuego del entorno comenzó a elevarse.
—Hasta ahora has aprendido a usar las posturas.
Una llama apareció frente a Israel.
Pequeña.
Pero intensa.
—Pero aún no controlas el fuego.
Israel frunció el ceño.
—¿No lo hago?
La llama se movió.
De repente creció.
Luego explotó.
Israel retrocedió instintivamente.
Amaterasu habló con calma.
—Tú liberas poder.
—Pero no lo dominas completamente.
La llama volvió a aparecer.
Flotando frente a él.
—Quiero que mantengas esta llama estable.
Israel la miró.
—¿Solo eso?
Amaterasu asintió.
—Durante horas.
Israel abrió los ojos.
—¿Horas?
—Días.
Israel suspiró.
—Claro…
Se sentó en el suelo.
Colocó su espada frente a él.
La llama flotaba.
Pequeña.
Silenciosa.
Pero peligrosa.
Amaterasu se dio la vuelta.
—Cuando pierdas el control…
Se detuvo un segundo.
—Volveremos a empezar.
Israel la miró.
—¿Y si no pierdo el control?
La diosa sonrió levemente.
—Entonces habrás dado el primer paso para dominar el sol.
El silencio cayó.
El tiempo comenzó a pasar.
Minutos.
Horas.
Días.
El fuego temblaba.
A veces crecía.
A veces se descontrolaba.
Y cada vez que eso pasaba…
Israel fallaba.
Y volvía a empezar.
—
El tiempo avanzó.
Semanas pasaron.
El cuerpo de Israel cambió.
Su postura.
Su mirada.
Su respiración.
Todo comenzó a volverse más preciso.
Más calmado.
Fleta apareció a su lado en uno de esos momentos.
—Ya no te ves igual.
Israel no apartó la mirada de la llama.
—No lo estoy.
Lisetta también apareció.
Observando en silencio.
—Por fin estás aprendiendo.
Israel sonrió levemente.
—Supongo.
La llama frente a él ya no temblaba.
Era estable.
Firme.
Perfecta.
Amaterasu apareció detrás de él.
—Bien.
Israel levantó la mirada.
—¿Ya terminé?
La diosa negó.
—No.
El fuego alrededor de ellos explotó.
El mar de llamas se elevó hacia el cielo.
—Ahora…
Su voz se volvió más firme.
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en esta obra hay tragedias y amistad, en esta historia se tocaran varios temas, en esta historia hay amor y odio
Editado: 07.06.2026