el fin y el inicio de los reyes

# Volumen 5 — Arco 5: Reino de Dragones y Dioses ## Capítulo 48 — Parte 2 ### **El Infierno de los Elementos**

El mundo no tenía equilibrio.

No había cielo… ni suelo estable.

Tormentas de fuego chocaban contra océanos flotantes.

Rayos atravesaban montañas suspendidas en el aire.

Fragmentos de tierra giraban como si fueran satélites.

Y en medio de ese caos…

Israel apenas podía mantenerse en pie.

—Esto… no es un campo de entrenamiento…

Pirus lo observaba desde lo alto.

Su enorme cuerpo permanecía suspendido entre corrientes de energía elemental.

—Esto es supervivencia.

El aire cambió de repente.

La presión aumentó.

Israel cayó de rodillas.

—¿Qué… es esto…?

—Gravedad.

El suelo bajo él se multiplicó en peso.

Sus brazos temblaron.

Sus piernas crujieron.

La armadura Incursión brilló débilmente.

—Primer elemento.

La voz de Pirus resonó.

—Gravedad.

Israel intentó levantarse.

Pero su cuerpo no respondía.

—No puedes moverte.

—No puedes respirar correctamente.

—No puedes luchar.

El dragón descendió lentamente.

—Y aun así…

Sus ojos brillaron.

—Debes sobrevivir.

La presión aumentó aún más.

Israel gritó.

Su cuerpo comenzó a hundirse en el suelo.

La tierra se quebró bajo él.

—¡GH…!

Fleta apareció a su lado.

—¡Israel!

Pero ella también cayó de rodillas inmediatamente.

—¡¿Qué es esta presión?!

Lisetta apareció después.

Intentó mantenerse de pie.

—Tch…

Pero incluso ella cayó.

Pirus observó a los tres.

—Aquí…

—No hay excepciones.

El aire se volvió aún más pesado.

Israel comenzó a sangrar por la boca.

—Esto… es imposible…

Pirus respondió.

—Exacto.

Silencio.

Luego…

—Supera lo imposible.

El tiempo comenzó a pasar.

Minutos.

Horas.

Días.

Israel apenas podía moverse.

Pero poco a poco…

Sus dedos comenzaron a reaccionar.

Luego sus brazos.

Luego su torso.

Hasta que…

Logró levantarse.

Temblando.

Pero de pie.

Pirus asintió levemente.

—Primer paso.

El mundo cambió.

Sin aviso.

El peso desapareció.

Israel cayó al suelo, respirando con dificultad.

Pero no tuvo tiempo de descansar.

El cielo se abrió.

Un vacío negro apareció.

—Segundo elemento.

—Oscuridad.

Todo desapareció.

No había luz.

No había sonido.

No había nada.

Israel abrió los ojos.

Pero no veía.

—¿Fleta?

Silencio.

—¿Lisetta?

Nada.

Estaba solo.

Completamente solo.

Entonces…

Voces.

Susurros.

—No eres suficiente…

—Vas a fallar…

—Todos murieron por tu culpa…

Israel apretó los dientes.

—No…

Las voces aumentaron.

Más fuertes.

Más profundas.

—No pudiste protegerlos…

—Eres débil…

—Siempre lo serás…

Israel cayó de rodillas.

—Cállense…

La oscuridad se movió.

Formas comenzaron a aparecer.

Sombras.

Criaturas.

Versiones distorsionadas de sí mismo.

—Este es tu miedo.

La voz de Pirus resonó.

—Domínalo…

—O serás consumido.

Una sombra se lanzó hacia él.

Israel levantó su espada.

Pero dudó.

Un segundo.

Y eso fue suficiente.

La sombra lo atravesó.

El dolor fue real.

Israel gritó.

—¡AHHH!

Cayó al suelo.

Respirando con dificultad.

—Esto… no es real…

Las sombras se acercaban.

—No es real…

Cerró los ojos.

—No es real…

Respiró.

El fuego comenzó a aparecer.

Pequeño.

Débil.

Pero estable.

—Yo…

Apretó su espada.

—No voy a caer aquí.

Abrió los ojos.

Y atacó.

Las sombras explotaron en llamas.

La oscuridad se quebró.

El mundo volvió.

Israel cayó de rodillas.

Sudando.

Herido.

Pero vivo.

Pirus lo observaba.

—Segundo paso.

A lo lejos…

Lisetta estaba en otro espacio.

Rodeada de energía oscura.

Su cuerpo temblaba.

—Esto…

Sus ojos brillaban con intensidad.

—Esto me gusta…

Pero la energía comenzó a volverse inestable.

—Demasiado…

Pirus habló.

—Controla tu ira.

Lisetta sonrió.

Pero esta vez…

Con dificultad.

En otro punto…

Fleta estaba sola.

Un espacio completamente blanco.

Silencioso.

Tranquilo.

Pero extraño.

Una figura apareció frente a ella.

No se podía ver claramente.

Pero su presencia era…

Antigua.

Fleta dio un paso atrás.

—¿Quién… eres?

La figura no respondió.

Solo levantó una mano.

Y el mundo cambió.

De vuelta con Israel…

El cielo explotó nuevamente.

—Tercer elemento.

—Luz.

Un rayo descendió.

Golpeó directamente su cuerpo.

Israel gritó.

Su piel comenzó a quemarse.

Pero no era fuego.

Era algo más puro.

Más intenso.

—La luz no solo ilumina.

La voz de Pirus resonó.

—También destruye.

Otro rayo cayó.

Israel intentó moverse.

Pero su cuerpo no respondía completamente.

—Si no puedes soportarla…

—Morirás.

Israel apretó los dientes.

—Entonces…

El fuego comenzó a aparecer otra vez.

—La soportaré.

Los rayos continuaron cayendo.

Uno tras otro.

Sin detenerse.

Y cada impacto…

Lo acercaba más a la muerte.

El tiempo pasó.

Días.

Semanas.

Israel entrenó.

Sufrió.

Cayó.

Se levantó.

Una y otra vez.

Cada elemento era peor que el anterior.

Más brutal.

Más mortal.

Pero poco a poco…

Comenzó a cambiar.

Su cuerpo.

Su energía.

Su alma.

Todo evolucionaba.




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