el fin y el inicio de los reyes

Volumen 6 — Arco 6: Mundo de las Almas Capítulo 51 — Donde Nadie Responde

El silencio no era normal.

No era calma.

No era paz.

Era… ausencia.

Tristan abrió los ojos lentamente.

No había cielo.

No había suelo firme.

Todo era gris.

Un vacío interminable cubierto por una neblina densa que parecía moverse como si estuviera viva.

—…

Intentó hablar.

No salió nada.

Su garganta funcionaba.

Pero el sonido…

No existía.

Se incorporó lentamente.

Su cuerpo estaba intacto.

Pero algo se sentía mal.

Muy mal.

—¿Dónde…?

Las palabras salieron esta vez.

Pero fueron absorbidas.

Como si el mundo se las tragara.

Tristan miró alrededor.

Y entonces lo vio.

Figuras.

A lo lejos.

Cientos.

Miles.

Sombras humanas.

Caminando sin rumbo.

Arrastrándose.

Flotando.

Almas.

Pero no normales.

Estaban rotas.

Distorsionadas.

Algunas gritaban sin sonido.

Otras simplemente…

existían.

—…

Tristan frunció el ceño.

—Esto no es un mundo…

Dio un paso.

El suelo crujió.

Como si caminara sobre algo seco.

Bajó la mirada.

Huesos.

Polvo.

Restos.

—…

Silencio.

Entonces…

un tirón.

En su mano.

Tristan reaccionó al instante.

Su arma.

La pequeña guadaña.

Esa que parecía más una daga con un hilo conectado a un peso metálico.

—Sigue aquí…

La levantó.

Pero algo había cambiado.

El hilo…

se movía solo.

Muy ligeramente.

Como si respondiera a algo.

No a él.

A algo más.

Una de las almas cercanas se giró.

Lentamente.

Su rostro no era un rostro.

Era una grieta.

Un vacío.

Y lo miró.

Tristan no retrocedió.

—¿Qué… eres?

El alma no respondió.

Pero avanzó.

Arrastrándose.

Más almas comenzaron a girarse.

Una.

Luego otra.

Luego diez.

Luego…

cientos.

—…

Tristan apretó su arma.

—No me gusta esto.

El primer ataque llegó sin aviso.

El alma se lanzó.

Rápida.

Demasiado rápida.

Tristan reaccionó.

Giró su arma.

El hilo se tensó.

Y golpeó.

El impacto fue limpio.

El alma se fragmentó.

Pero no desapareció.

Se deshizo en partículas.

Y esas partículas…

se movieron.

Directo hacia él.

—¿Qué…?

Entraron en su cuerpo.

Sin permiso.

Sin control.

Tristan retrocedió.

—¡GH—!

Dolor.

No físico.

Interno.

Como si algo estuviera quemándose dentro de él.

—¡¿Qué fue eso?!

Las otras almas reaccionaron.

Se lanzaron.

Todas.

Tristan se movió.

Por instinto.

No por técnica.

El hilo giró.

Golpeó.

Cortó.

Desvió.

Pero cada alma que destruía…

hacía lo mismo.

Entraba en él.

—¡Maldición!

El dolor aumentaba.

Su cuerpo temblaba.

Su mente comenzaba a saturarse.

Voces.

Susurros.

Fragmentos.

—No…

—Déjame…

—No quiero…

—Ayuda…

—…

—¡CÁLLENSE!

Tristan gritó.

Pero las voces no se detuvieron.

Al contrario.

Aumentaron.

Cayó de rodillas.

Las almas lo rodeaban.

—Esto…

Respiraba con dificultad.

—Esto no es pelea…

Levantó la mirada.

—Es… consumo…

Una de las almas lo tocó directamente.

No lo atacó.

Solo…

lo atravesó.

—¡AAAAAH!

Más dolor.

Más voces.

Más fragmentos.

Y entonces…

algo cambió.

Tristan apretó los dientes.

—Si entran…

Miró su mano.

—Entonces…

El hilo de su arma reaccionó.

Se tensó.

Como si respondiera.

—Puedo usarlas.

Silencio.

Una de las almas intentó entrar otra vez.

Tristan no la rechazó.

La dejó.

Entró.

Dolor.

Pero esta vez…

no la ignoró.

La sostuvo.

—Quédate…

El alma se agitó.

Intentó dispersarse.

Pero Tristan la forzó.

—No te vayas.

El hilo de la guadaña brilló levemente.

Una energía gris recorrió el arma.

Tristan lanzó el arma.

El hilo se extendió.

Golpeó otra alma.

Y en el impacto…

La energía explotó.

Una explosión pequeña.

Pero real.

Tristan abrió los ojos.

—…

Miró su arma.

Luego su mano.

—Esto…

Respiró.

—Esto es diferente.

Las almas se detuvieron.

Por un segundo.

Como si hubieran sentido algo.

Y luego…

Se lanzaron otra vez.

Más agresivas.

Más rápidas.

Tristan se levantó.

Su cuerpo dolía.

Su mente gritaba.

Pero su mirada…

cambió.

—Bien…

Giró su arma.

El hilo vibró.

—Si así funciona este lugar…

Una chispa gris apareció en el hilo.

—Entonces aprenderé.

El siguiente ataque fue distinto.

No solo golpeó.

Absorbió.

Contuvo.

Y explotó.

Una.

Dos.

Tres.

Cada vez que lo hacía…

Dolía más.

Pero también…

entendía más.

No había maestro.

No había guía.

Solo error.

Dolor.

Y adaptación.

Y en ese mundo…

Eso era suficiente para evolucionar.

Tristan sonrió levemente.

Por primera vez.

—Vamos a ver…

Las almas rugieron en silencio.

—Cuántas puedo soportar antes de romperme.

Fin del Capítulo 51

Inicio del entrenamiento de Tristan




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