el fin y el inicio de los reyes

Volumen 6 — Arco 6: Mundo de las Almas Capítulo 56 — Donde Descansan las Voces

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Volumen 6 — Arco 6: Mundo de las Almas

Capítulo 56 — Donde Descansan las Voces

El silencio no llegó de inmediato.

Llegó… poco a poco.

Como si el mundo mismo no supiera cómo quedarse callado.

Tristan caminaba.

Lento.

Más estable que antes… pero no completamente.

Cada paso ya no crujía igual.

El suelo parecía más… vacío.

Había menos almas.

No porque ya no existieran.

Sino porque él…

las había movido.

Pero eso no lo tranquilizaba.

Porque ahora sabía algo peor:

No estaban desapareciendo.

Solo estaban siendo enviadas.

A un lugar que no entendía.

—…

Tristan levantó la mirada.

La neblina seguía igual.

Pero él no.

Sus ojos estaban más apagados.

Más profundos.

Como si algo dentro de él hubiera sido… desgastado.

Respiró.

Inhaló.

Sintió las almas cercanas.

Exhaló.

Las mantuvo a distancia.

—Todavía están ahí…

Susurró.

Ya no gritaban tanto.

Pero seguían.

Como ecos.

Como sombras dentro de su mente.

—No basta…

Apretó la guadaña.

—Tengo que hacerlo mejor.

Silencio.

Y entonces…

se detuvo.

Porque sintió algo distinto.

No era una masa de almas.

Era…

Una sola.

No se movía.

No se acercaba.

No reaccionaba.

Solo estaba ahí.

Tristan frunció el ceño.

—Otra vez…

Pero esto era diferente a la anterior.

No era agresiva.

No imponía presión.

Era…

Pesada.

Dio un paso hacia ella.

El hilo reaccionó.

Pero no con violencia.

Con tensión.

Como si no supiera qué hacer.

—…

Tristan no atacó.

No absorbió.

No la empujó.

Solo se acercó.

Y en ese momento…

lo sintió.

Silencio.

No el externo.

El interno.

Por primera vez desde que llegó a ese mundo…

no había voces.

Sus ojos se abrieron lentamente.

—…

—¿Qué eres…?

El alma no respondió.

Pero tampoco lo atacó.

Tristan extendió la mano.

El hilo siguió el movimiento.

Tocó el alma.

No hubo resistencia.

No hubo dolor.

No hubo ruido.

Nada.

Y eso…

lo asustó.

Porque ya se había acostumbrado al caos.

Esto…

era desconocido.

—…

Respiró.

—No estás… rota.

El alma vibró levemente.

Pero no se distorsionó.

Tristan cerró los ojos.

Y por primera vez…

no vio fragmentos.

No vio gritos.

No vio muerte.

Vio…

quietud.

Un final.

No violento.

No desesperado.

Simplemente…

terminado.

Tristan abrió los ojos.

—…

—Entonces sí existe.

Un lugar…

donde no duele.

Silencio.

Apretó la guadaña.

—Entonces…

Miró a su alrededor.

—¿A dónde estoy enviando a las demás?

El pensamiento se quedó ahí.

No tenía respuesta.

Y eso…

le molestó más de lo que esperaba.

Porque por primera vez…

no estaba seguro…

de si lo que hacía era correcto.

El alma frente a él comenzó a elevarse.

Sin intervención.

Sin esfuerzo.

Simplemente…

se fue.

Tristan no la detuvo.

No intentó controlarla.

Solo la observó.

Hasta que desapareció.

Y con ella…

una parte del peso en su pecho.

Pero no todo.

Nunca todo.

Las otras almas comenzaron a moverse.

Esta vez…

más lento.

Como si algo hubiera cambiado.

Tristan levantó la mirada.

—Entonces…

Respiró profundo.

—Tengo que aprender a distinguir.

No todas eran iguales.

No todas debían ser tratadas igual.

Y eso…

hacía todo más difícil.

Porque ahora no solo peleaba.

Ahora…

decidía.

El hilo se movió lentamente.

Esta vez…

no reaccionaba por instinto.

Seguía su voluntad.

Tristan se acercó a otra alma.

Esta…

sí estaba rota.

Temblaba.

Distorsionada.

Dolorosa.

El ruido regresó.




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