La neblina no se abrió de golpe. Se apartó lentamente, como si dudara, como si incluso ese mundo reconociera que lo que estaba por aparecer no debía ser interrumpido. Tristan no avanzó. Tampoco retrocedió. Solo observó.
La presencia frente a él no era como las anteriores.
No estaba rota.
No gritaba.
No se arrastraba.
Se mantenía de pie.
Completa.
Y eso… era peor.
El aire —si es que eso seguía siendo aire— se volvió pesado. No había presión física, pero su cuerpo reaccionó como si estuviera siendo aplastado desde dentro. Su respiración se volvió más lenta, más profunda, como si instintivamente intentara protegerse.
—…Entonces sí existen más como esa…
Recordó el alma silenciosa que había desaparecido por sí sola. Pero esto no era lo mismo. Aquella transmitía descanso. Esto… transmitía juicio.
La figura comenzó a moverse.
Un paso.
Solo uno.
Y el mundo cambió.
Tristan no vio el ataque.
No lo sintió venir.
Simplemente… ocurrió.
Su cuerpo se dobló hacia adelante como si algo dentro de él hubiera sido comprimido brutalmente. Cayó de rodillas sin poder sostenerse, y por un instante, no pudo respirar.
—¡GH—!
Pero esta vez no hubo voces.
Y eso lo hizo más aterrador.
No había caos.
No había gritos.
Solo… control.
Tristan levantó la mirada con dificultad. El alma seguía ahí, inmóvil otra vez, como si ese único movimiento hubiera sido suficiente para demostrar algo.
—No… me atacaste para matarme…
Sus dedos se tensaron sobre la guadaña.
—Me probaste.
El hilo reaccionó. No con miedo. No con impulso descontrolado. Se tensó… como si entendiera también.
Tristan inhaló.
Lento.
Pesado.
Las almas cercanas no se acercaron. No huyeron. Simplemente… no intervinieron. Como si supieran que este no era un momento para ellas.
Exhaló.
Y esta vez no buscó atacar.
Buscó entender.
—No eres como las otras… y tampoco como aquella…
Se puso de pie, aunque sus piernas aún temblaban.
—Entonces… ¿qué eres?
El alma no respondió.
Pero avanzó otra vez.
Más rápido.
Esta vez Tristan reaccionó.
El hilo se lanzó en un movimiento casi automático, pero no fue un ataque directo.
—Primera postura…
El hilo giró frente a él formando un círculo.
—Vida en curso.
El impacto llegó.
Invisible.
Pero esta vez, no lo lanzó.
El escudo absorbió el golpe.
El hilo vibró violentamente, tensándose al límite, como si estuviera a punto de romperse. La energía no desapareció… se acumuló.
El brazo de Tristan tembló.
—Demasiado… fuerte…
El impacto no se detuvo de inmediato. Era constante, como si la presencia no golpeara una vez, sino que ejerciera presión continua. Tristan apretó los dientes.
—No puedo… sostenerlo…
Soltó la postura justo antes de que el hilo cediera.
El golpe restante lo alcanzó.
Salió despedido hacia atrás.
Rodó varias veces antes de detenerse.
Pero esta vez… no cayó completamente.
Se sostuvo.
De pie.
Respirando con dificultad.
—No es un ataque normal…
Escupió aire, intentando estabilizarse.
—Es… existencia.
El alma no se detuvo.
Avanzó de nuevo.
Y Tristan entendió algo clave.
No podía ganar esto con fuerza bruta.
Tenía que controlarlo.
—Bien…
Giró la guadaña.
El hilo se tensó.
—Vamos a cambiar el ritmo.
Se lanzó hacia adelante.
No directo.
En ángulo.
—Segunda postura… Línea de la vida.
La guadaña salió disparada en zigzag. No buscaba un impacto limpio, sino múltiples puntos de contacto. Golpeó una vez. Luego otra. Luego otra.
Esta vez… sí hubo reacción.
Pequeña.
Pero real.
El alma retrocedió medio paso.
—…funciona.
Pero el contraataque fue inmediato.
Más fuerte.
Más denso.
Tristan sintió cómo algo intentaba invadirlo otra vez, pero no como las anteriores almas.
Esto no quería entrar.
Quería imponerse.
—¡NO!
Reaccionó más rápido que antes.
El hilo se enrolló en su brazo.
—Tercera postura… Alma nueva.
El dolor fue inmediato.
Intenso.
Una de las almas dentro de él se desintegró, su energía transformándose en estabilidad.
Su cuerpo se reafirmó.
—No voy a dejar que entres…
Respiró.
Más firme.
—Ni que me reemplaces.
El alma se detuvo por un instante.
Y en ese instante, Tristan actuó.
—Cuarta postura… Cárcel dimensional.
El hilo se disparó, rodeando al alma en múltiples capas. El espacio alrededor se tensó, deformándose levemente. No era una prisión física… era una fijación de existencia.
El alma quedó contenida.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Tristan extendió la mano.
—Ahora…
Intentó abrir el círculo.
El mismo que había usado para enviar otras almas.
Pero esta vez…
no funcionó.
El espacio tembló.
Se inestabilizó.
Y colapsó.
—…No puedes ser enviado.
El alma vibró.
Por primera vez… mostró resistencia real.
No violenta.
Absoluta.
Como si su existencia rechazara ser movida.
Tristan respiró más pesado.
—Entonces…
Apretó la guadaña.
—Tengo que reducirte.
El hilo se tensó.
—Quinta postura… Ejecución de almas.
Lanzó la guadaña.
Una vez.
Dos.
Tres.
Cada impacto llevaba energía comprimida.
Explosiones controladas.
Pero el alma…
no se rompía como las otras.
Se desgastaba.
Muy lentamente.
El costo era alto.
Demasiado.
Las almas dentro de Tristan comenzaron a agitarse otra vez.
—Más…
—Usa más…
—Libéranos…
—¡No!
Cerró los ojos un instante.
—Silencio.
Inhaló.
#2137 en Fantasía
#345 en Ciencia ficción
en esta obra hay tragedias y amistad, en esta historia se tocaran varios temas, en esta historia hay amor y odio
Editado: 07.06.2026