el fin y el inicio de los reyes

Volumen 6 — Arco 6: Mundo de las Almas Capítulo 58 — La Mirada Que Siempre Estuvo

La sensación no apareció de golpe. Tristan no vio nada al principio. No escuchó nada. No sintió un ataque. Pero algo estaba mal… profundamente mal.

Era como si el mundo ya no lo estuviera rodeando.

Sino observando.

Tristan se quedó quieto. No por miedo… sino por instinto. Su respiración se volvió lenta, controlada, como había aprendido a la fuerza en ese lugar. Inhaló… sintiendo las almas dispersas, débiles, lejanas. Exhaló… manteniendo su mente en orden.

Pero no funcionó del todo.

Porque aquello no era como las almas.

No era ruido.

No era caos.

Era… presencia.

—…

Sus dedos se cerraron sobre la guadaña.

—Sal.

No fue una orden.

Fue una prueba.

El mundo no respondió.

Pero la neblina sí.

No se abrió. No se apartó. Se comprimió. Como si algo dentro de ella estuviera tomando forma.

Tristan no se movió.

Por primera vez desde que llegó a ese mundo… no quiso moverse.

Porque entendió algo simple.

Si avanzaba…

entraba en su territorio.

Si esperaba…

tal vez sobrevivía más.

El tiempo pasó.

O al menos… algo parecido al tiempo.

Y entonces ocurrió.

Un sonido.

No externo.

Interno.

Como un latido.

Pero no suyo.

Uno… lento.

Pesado.

Antiguo.

—…

Tristan tragó saliva.

—Eso no es un alma.

El hilo reaccionó con violencia. No como antes. No como advertencia. Esta vez… se tensó como si quisiera retroceder.

Como si algo dentro del arma reconociera aquello.

—…Interesante.

La palabra salió sin pensar.

Y en ese instante… lo entendió.

No fue él quien habló así.

Fue… una reacción.

Un eco.

Algo dentro de él.

Tristan frunció el ceño.

—No.

Apretó más fuerte la guadaña.

—Yo sigo aquí.

El latido se repitió.

Más cerca.

Más claro.

Y la neblina finalmente… cedió.

No completamente.

Lo suficiente.

Una silueta.

No humana.

No completa.

No definida.

Era como ver algo… que no quería ser visto.

Tristan intentó enfocarla.

No pudo.

Sus ojos la reconocían.

Su mente no.

—…

El aire se volvió pesado otra vez.

Pero diferente al capítulo anterior.

Esto no lo probaba.

No lo atacaba.

Lo medía.

Como si evaluara algo más allá de su fuerza.

Más allá de su técnica.

Más allá incluso… de su alma.

Tristan dio un paso.

Pequeño.

Controlado.

—Si vas a hacer algo…

Respiró.

—Hazlo.

Silencio.

Nada ocurrió.

Pero eso fue peor.

Porque significaba…

que no lo consideraba necesario.

Un escalofrío recorrió su espalda.

No de miedo.

De comprensión.

—No soy suficiente para ti…

El hilo tembló.

No de tensión.

De… rechazo.

Como si no quisiera ser usado frente a eso.

Tristan lo ignoró.

—Entonces mírame bien.

Inhaló.

Las almas cercanas reaccionaron.

Exhaló.

Las estabilizó.

—No voy a quedarme estancado.

Levantó la guadaña.

—Voy a avanzar.

Y en ese momento…

la presencia desapareció.

No se fue.

Simplemente…

ya no estaba.

Como si nunca hubiera estado ahí.

El mundo volvió a su estado normal.

O lo más cercano a normal que ese lugar podía ser.

Tristan se quedó en silencio unos segundos.

Luego bajó el arma lentamente.

—…Eso no fue una amenaza.

Miró la neblina.

—Fue… una observación.

Respiró profundo.

Pero esta vez…

no fue completamente él quien respiró.

Una pequeña parte…

respondió diferente.

Más fría.

Más eficiente.

—…

Sus ojos se abrieron levemente.

—Estoy cambiando demasiado rápido.

Y eso era peligroso.

Porque no sentía que estuviera perdiendo el control.

Sentía que lo estaba ganando.

Y eso… era aún peor.

Caminó.

No por necesidad.

Por decisión.

—Tengo que estabilizar esto.

Levantó la mano.

El hilo respondió.

Más suave.

Más preciso.

—No puedo seguir absorbiendo sin filtrar…

Recordó lo que había visto.

El alma en paz.

Las almas rotas.

Las que no podían ser enviadas.

—Tengo que clasificarlas.

El pensamiento apareció solo.

Natural.

Demasiado natural.

Tristan se detuvo.

—…

—Eso suena mal.

Pero no lo descartó.

Porque funcionaba.

—Si separo las que están demasiado rotas… de las que pueden irse…

Respiró.

—Voy a tener menos ruido.

Menos interferencia.

Menos riesgo.

Y más control.

Silencio.

—…Entonces lo voy a hacer.

No dudó más.

Las almas comenzaron a aparecer otra vez.

Pero ahora Tristan no reaccionó igual.

No atacó de inmediato.

No absorbió sin pensar.

Observó.

Una.

Distorsionada.

Dolorosa.

La envió.

Otra.

Agresiva.

Inestable.

La contuvo.

La redujo.

Luego la envió.

Otra.

Densa.

Pesada.

La dejó.

No la tocó.

—…

—No todas son mi problema.

El proceso comenzó a repetirse.

Una y otra vez.

Más rápido.

Más eficiente.

Más… frío.

Y en algún punto…

Tristan dejó de pensar en ellas como “personas”.

Solo eran…

tipos.

Categorías.

Funciones.

El hilo se movía solo.

Su cuerpo respondía mejor.

Su mente…

más silenciosa.

Pero algo dentro de él…

se estaba alejando.

Muy poco.

Pero lo suficiente…

para que no lo notara del todo.

Se detuvo.

Miró sus manos.

—…

—Esto funciona demasiado bien.




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