El Final que Merecían Renacer del Fénix (princess Agents)

Capítulo I – Bajo el Hielo

El viento soplaba con furia en las montañas del norte, arrastrando consigo copos de nieve como dagas que cortaban la piel. La superficie del lago helado crujía bajo los pasos apresurados de Chu Qiao y Yuwen Yue, dos sombras fugitivas en medio de la tormenta.

La batalla había terminado, pero el peligro no. Perseguidos y sin fuerzas, el hielo fue su último adversario. Un crujido seco, un instante suspendido en el tiempo… y de pronto, todo se vino abajo. El hielo cedió, rompiéndose como cristal bajo sus pies, y ambos cayeron a las gélidas profundidades.

El agua era un abismo helado que los arrastró sin piedad. El silencio lo envolvía todo, salvo por el estruendo sordo de sus propios corazones y el rugido de la corriente subterránea. Chu Qiao luchó por mantenerse consciente, pero el frío era un enemigo implacable. Junto a ella, Yuwen Yue se desvanecía, su figura apenas visible entre las sombras del agua.

Entonces, la oscuridad.

No supieron cuánto tiempo pasó. Solo que la corriente los llevó más allá del hielo, más allá del mundo conocido, hasta depositarlos en un lugar insospechado: una cueva oculta entre las entrañas de la montaña, donde aún ardía una llama en el corazón de un anciano que hacía tiempo se había apartado del mundo.

Fue él quien los encontró, tendidos, apenas respirando. Con manos viejas pero firmes, los llevó al interior, los acomodó junto a una fogata y comenzó a calentar sus cuerpos helados. Atendió primero al joven de rostro sereno pero pálido, cubriéndolo con mantas gruesas. Luego se volvió hacia la joven, cuyos labios temblaban al borde de la inconsciencia.

Al retirar parte de sus ropas húmedas, sus ojos se toparon con algo que lo hizo contener el aliento.

Una marca.

Grabada en su piel como fuego divino, ardía la imagen de un fénix en llamas. No era un tatuaje ni una cicatriz. Era un símbolo ancestral… y uno que él conocía demasiado bien.

Se quedó en silencio largo rato, contemplando aquella revelación con una mezcla de asombro y temor. Ese emblema pertenecía a la antigua familia real Mu. El linaje noble y justo que alguna vez gobernó con sabiduría, antes de ser traicionado y destruido por la dinastía actual.
El fénix no era un simple símbolo: era la manifestación del espíritu ancestral del reino. Un espíritu que, según las leyendas, renacería en tiempos de oscuridad para restaurar el equilibrio.

El anciano tragó saliva, sabiendo que no se trataba de un sueño ni de una coincidencia. Aquella joven era algo más que una guerrera.

Horas después, Chu Qiao despertó. La confusión nublaba sus sentidos, y su instinto la empujó a levantarse de inmediato. Se enfrentó al anciano con la mirada alerta.

—¿Dónde estoy? ¿Qué hiciste? —susurró, con voz entrecortada.

—Estás a salvo —respondió él, con voz calmada y mirada paciente—. No te haré daño. Pero hay algo que debes saber… algo que cambiará tu vida para siempre.

Ella frunció el ceño.

—¿Quién eres?

—Alguien que una vez sirvió al Reino Mu… —dijo, con un dejo de melancolía en su voz—. Y alguien que hoy vuelve a ver una llama encenderse donde ya solo quedaban cenizas.

Se sentó junto al fuego y le hizo un gesto para que se acercara. Ella, aún dudosa, accedió. Entonces, el anciano comenzó su relato.

—Tu nombre, tu origen… han estado ocultos por años. Pero la verdad está escrita en tu piel. Esa marca en tu espalda, el fénix, es el emblema sagrado del linaje Mu. Tú, niña, eres la hija perdida de la emperatriz Mu.

Chu Qiao se quedó inmóvil, sin comprender del todo.

—Tu madre no solo era hermosa y bondadosa —prosiguió el anciano—, también tenía una conexión profunda con fuerzas que pocos entienden. Fuerzas antiguas que protegían este reino. Cuando el emperador actual ascendió al trono, lo hizo traicionando a tu familia. Masacró a toda la corte, y a ti… a ti te ocultaron. Te marcaron al nacer con el espíritu del fénix, símbolo del renacimiento, del fuego que no se extingue. Y ahora, cuando la oscuridad ha cubierto todo, el fénix ha despertado en ti.

El silencio se hizo eterno. Chu Qiao no sabía qué decir. El corazón le palpitaba con fuerza, su mente tratando de procesar aquella verdad imposible. Pero dentro de sí, algo encajaba. Las visiones, los sueños que no comprendía, el fuego interior que siempre había sentido sin saber por qué… todo tenía sentido ahora.

—Estás destinada a más que sobrevivir —concluyó el anciano—. Estás destinada a restaurar lo que fue destruido. No por venganza… sino por justicia.

Y en ese instante, una chispa de decisión se encendió en el pecho de Chu Qiao. No era solo una sobreviviente. No era solo una espía. Era la última heredera del Reino Mu. Y ya no podía ignorarlo.

Poco después, Yuwen Yue abrió los ojos. Dolorido y exhausto, su mirada buscó lo primero que necesitaba ver: a ella. Cuando la encontró, sentada junto al fuego, cuidando de sus propias heridas, recordó lo que había visto en el lago. La marca. El símbolo.

—Vi la marca… cuando caímos —dijo, con voz débil—. En tu espalda. El fénix.

Chu Qiao se giró hacia él. Sus ojos se encontraron en silencio. No hubo necesidad de explicaciones. Él lo entendía. Y ella también.



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En el texto hay: fanfiction, drama historico, final alternativo

Editado: 21.03.2026

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