El fundador

Capítulo 1 : Antes del Monstruo

El viento recorría las interminables praderas de Duskaria, haciendo bailar la hierba bajo la cálida luz del sol.

Era un día tranquilo.

Los pájaros cantaban.

Los ríos fluían con calma.

Y, por un instante, el continente parecía conocer la paz.

En una pequeña aldea ubicada en las fronteras del Gran Imperio Elarim, dos niños corrían entre los árboles persiguiendo una vieja pelota de madera.

—¡Kael! ¡Te dije que no podías ganarme! —gritó un niño de cabello blanco mientras reía.

—¡Eso lo veremos, Aether! —respondió otro, de cabello negro como la noche, acelerando el paso.

Los dos tropezaron al mismo tiempo y terminaron rodando por una pequeña colina.

Por unos segundos solo se escucharon sus carcajadas.

—Eres malísimo jugando.

—¡Mentiroso! ¡Fuiste tú quien hizo trampa!

—¿Yo? ¿Cuándo?

—¡Siempre haces trampa!

Los dos volvieron a reír.

En ese momento, una pequeña criatura de pelaje negro salió corriendo desde unos arbustos.

Tenía largas orejas, una cola esponjosa y unos enormes ojos color ámbar.

Sin pensarlo dos veces, saltó sobre Kael y comenzó a lamerle la cara.

—¡Jajaja! ¡Basta, Nox! ¡Me haces cosquillas!

Aether cruzó los brazos.

—Creo que Nox me quiere más a mí.

La pequeña criatura giró lentamente la cabeza.

Lo miró unos segundos...

Y volvió a esconderse detrás de Kael.

Los dos niños soltaron una carcajada.

—¿Ves? —dijo Kael orgulloso—. Ella sabe quién es su verdadero dueño.

Aether hizo una mueca de disgusto.

—Algún día me va a elegir a mí.

—Eso nunca pasará.

Los dos chocaron los puños.

Era una promesa silenciosa.

Una amistad que parecía destinada a durar toda la vida.

Ninguno de los dos sabía que el destino ya había comenzado a escribir otra historia.

La campana de la aldea resonó entre las casas.

—¡Kael! ¡Aether! ¡Vengan inmediatamente! —gritó una mujer desde la plaza principal.

—¡Es mi mamá! —dijo Kael levantándose de un salto.

Ambos comenzaron a correr.

Al llegar a la plaza encontraron a decenas de aldeanos reunidos alrededor de un grupo de soldados con armaduras plateadas adornadas con símbolos dorados.

En el centro se encontraba un hombre de cabello rubio y enormes alas blancas desplegadas sobre su espalda.

Los habitantes guardaban absoluto silencio.

Uno por uno, los niños de la aldea fueron llamados al frente.

A cada uno le colocaban una pequeña esfera cristalina entre las manos.

La esfera brillaba con distintos colores.

Rojo.

Azul.

Verde.

Amarillo.

Cada color representaba el poder con el que habían nacido.

—Es el Examen del Despertar... —susurró Aether.

Kael tragó saliva.

Era la primera vez que descubrirían cuál era el verdadero poder que llevarían el resto de sus vidas.

—Aether Luminis.

El niño dio un paso al frente.

Colocó ambas manos sobre la esfera.

Durante unos segundos...

Nada ocurrió.

Entonces...

Una luz dorada explotó dentro del cristal.

El resplandor iluminó toda la plaza.

Los soldados dieron un paso hacia atrás.

Los aldeanos comenzaron a murmurar.

—¿Luz...?

—No...

—No puede ser...

El hombre de las alas abrió los ojos con sorpresa.

—Poder de Luz de categoría Primordial...

Toda la plaza quedó en silencio.

El comandante sonrió.

—Felicidades, pequeño.

Has nacido con un don bendecido por los cielos.

Los aldeanos comenzaron a aplaudir.

Algunos incluso se arrodillaron.

Kael sonrió feliz.

Corrió hacia su amigo.

—¡Aether! ¡Lo lograste!

Aether respondió con una sonrisa.

—Gracias...

Pero ahora era el turno de Kael.

El comandante levantó la vista.

—Kael.

El niño respiró profundamente.

Miró a Nox.

La pequeña criatura movió la cola.

Él sonrió.

Después...

Colocó lentamente las manos sobre la esfera.

Durante un instante...

Todo quedó en silencio.

Entonces...

El cristal comenzó a temblar.

Una pequeña sombra apareció en su interior.

No era humo.

No era fuego.

No era magia.

Era...

Oscuridad.

Una oscuridad tan profunda que parecía absorber incluso la luz del sol.

Las antorchas cercanas se apagaron.

El viento dejó de soplar.

Los pájaros desaparecieron del cielo.

La esfera comenzó a agrietarse.

Los soldados retrocedieron.

Los aldeanos sintieron un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Y el comandante...

Por primera vez en toda su vida...

Sintió miedo.



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En el texto hay: la oscuridad dominara

Editado: 12.07.2026

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