El fundador

Capítulo 4 : El Juicio del Niño

El amanecer llegó acompañado de un cielo gris.

Ningún niño salió a jugar.

Ningún comerciante abrió su puesto.

La aldea entera permanecía en silencio.

Todos esperaban.

Todos sabían que el Gran Imperio había sido informado.

Y cuando el Imperio llegaba...

Nada volvía a ser igual.

Kael abrió lentamente los ojos.

Había pasado toda la noche sin dormir.

Miró por la ventana.

La calle estaba completamente vacía.

—Qué extraño...

Siempre había niños jugando a esta hora.

Nox se acercó lentamente.

Movía la cola intentando animarlo.

Kael sonrió.

—Buenos días.

La pequeña criatura respondió con un suave chillido.

Un fuerte sonido rompió el silencio.

BOOOOOOM...

La enorme campana de la aldea comenzó a sonar.

Una.

Dos.

Tres veces.

Era la señal de una visita imperial.

Todos los habitantes salieron de sus casas.

En el cielo aparecieron tres enormes barcos flotantes cubiertos con banderas doradas del Gran Imperio Elarim.

Descendieron lentamente.

El viento levantó polvo por toda la plaza.

Cuando las puertas se abrieron...

Doce caballeros con armaduras blancas caminaron al frente.

Detrás de ellos apareció una mujer de cabello plateado y mirada firme.

No llevaba armadura.

Solo una túnica blanca con símbolos dorados.

Todos los aldeanos se arrodillaron.

—¡Bienvenida, Lady Seraphine!

La mujer no respondió.

Su mirada recorría la plaza...

Como si buscara a alguien.

Finalmente habló.

—¿Dónde está el niño?

Kael salió lentamente acompañado de sus padres.

Su madre sujetaba su mano con fuerza.

Su padre permanecía en silencio.

Lady Seraphine lo observó durante varios segundos.

Después levantó la mano.

Una esfera mágica apareció frente a Kael.

La esfera comenzó a girar.

Durante unos segundos...

No ocurrió nada.

Hasta que...

La luz de la esfera desapareció.

Y fue reemplazada por una oscuridad absoluta.

Los caballeros dieron un paso atrás.

Uno de ellos desenvainó su espada.

—¡Es él!

Otro gritó:

—¡No dejen que use su poder!

Kael retrocedió asustado.

—¡Yo... yo no estoy haciendo nada!

Nadie lo escuchó.

Los aldeanos comenzaron a gritar.

—¡Es un monstruo!

—¡Mátenlo antes de que sea tarde!

—¡Nos traerá desgracias!

Las voces se mezclaban unas con otras.

Por primera vez...

Kael sintió miedo de las personas.

Aether corrió y se colocó frente a él.

Abrió los brazos.

—¡Basta!

Todos quedaron en silencio.

—¡Kael no ha atacado a nadie!

—¡No ha hecho nada malo!

Uno de los caballeros respondió con dureza.

—No importa lo que haya hecho.

Importa lo que puede llegar a ser.

Aquellas palabras atravesaron el corazón de Kael.

"No importa quién soy..."

"Solo les importa lo que creen que seré..."

Lady Seraphine levantó nuevamente la mano.

—Silencio.

La plaza quedó muda.

—Por orden del Gran Imperio...

El niño Kael será trasladado a la Capital Imperial.

Hasta que descubramos el origen de su poder...

Quedará bajo nuestra custodia.

La madre de Kael dio un paso adelante.

—¡Es solo un niño!

Seraphine la miró con tristeza.

—Precisamente por eso...

Todavía podemos elegir qué camino tomará.

Mientras los soldados avanzaban para escoltarlo...

Kael levantó la vista.

Miró a todas las personas que había conocido desde pequeño.

El panadero.

El herrero.

Los vecinos.

Los niños con quienes jugaba.

Nadie le sonreía.

Algunos evitaban mirarlo.

Otros deseaban que desapareciera.

Solo Aether seguía a su lado.

Y Nox.

Siempre Nox.

Mientras el barco imperial comenzaba a elevarse...

Kael hizo una pregunta en voz baja.

—Aether...

¿Crees que algún día dejarán de tenerme miedo?

Aether lo miró fijamente.

Y respondió sin dudar.

—Sí.

Porque yo voy a demostrarles quién eres de verdad.

Kael sonrió por primera vez desde el examen.

Sin saber que aquella promesa...

Sería una de las más difíciles de cumplir.



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En el texto hay: la oscuridad dominara

Editado: 12.07.2026

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