El fundador

Capítulo 11: La Marca del Miedo

El invierno había llegado a la Capital Imperial.

La nieve caía lentamente sobre los grandes jardines de Elarim.

Los nobles caminaban tranquilos.

Los niños jugaban entre los árboles blancos.

Pero bajo aquella ciudad perfecta...

Existía otro mundo.

Uno donde nunca llegaba la luz del sol.

Kael despertó al escuchar el sonido de unas llaves.

Clink... Clink...

La puerta de la celda se abrió.

Cinco soldados entraron.

No parecían como los demás.

Sus armaduras negras estaban cubiertas de símbolos plateados.

Uno de ellos habló.

—Por orden del Consejo Imperial...

El sujeto Kael será trasladado a la Cámara de Contención.

Kael frunció el ceño.

—¿Sujeto...?

Ninguno respondió.

Mientras caminaban...

Kael observó que el pasillo era distinto.

Más profundo.

Más frío.

Más antiguo.

Las paredes tenían enormes grietas.

Y sobre ellas había inscripciones en un idioma que no conocía.

Sintió un escalofrío.

Como si aquel lugar hubiera sido construido para encerrar algo terrible.

Finalmente llegaron.

Una puerta gigantesca se abrió lentamente.

Al otro lado...

Había una sala circular llena de cadenas colgando del techo.

En el centro se encontraba un pedestal de piedra.

Sobre él descansaba un brazalete negro cubierto de runas.

Uno de los Sabios habló con voz grave.

—Acérquenlo.

Kael obedeció.

—¿Qué es eso?

El anciano respondió:

—Una Marca de Contención.

—¿Para qué sirve?

—Para limitar tu poder.

Kael permaneció en silencio.

—No quiero hacer daño a nadie...

Otro Sabio respondió sin emoción.

—No importa lo que quieras.

Importa lo que podrías hacer.

Las palabras dolieron más que cualquier golpe.

Dos soldados sujetaron a Kael.

Él no se resistió.

El brazalete fue colocado lentamente sobre su brazo izquierdo.

Durante unos segundos...

No ocurrió nada.

Entonces...

Las runas comenzaron a brillar.

Una descarga atravesó todo el cuerpo de Kael.

—¡AAAHHH!

Cayó de rodillas.

Sintió como si miles de agujas atravesaran su piel.

Intentó quitarse el brazalete.

No pudo.

Las runas se hundieron ligeramente en el metal.

Como si el brazalete se hubiera adaptado a él.

Nox empezó a ladrar desesperada.

Intentó acercarse.

Un guardia la apartó de una patada.

—¡Quieta!

Kael levantó la cabeza.

—¡NO LA TOQUES!

Por un instante...

La oscuridad intentó salir.

Pero el brazalete brilló con intensidad.

El poder fue obligado a regresar.

Kael cayó al suelo, agotado.

Los Sabios tomaban notas.

Uno comentó:

—La Marca funciona.

Otro añadió:

—Con ella podremos mantener estable la anomalía.

Ninguno habló del dolor del niño.

Solo del éxito del experimento.

Aquella noche...

Orion bajó a la celda.

Al ver el brazalete, su rostro cambió por completo.

—¿Qué hicieron...?

Kael intentó sonreír.

—Dicen que es para proteger a todos.

Orion cerró los ojos unos segundos.

—No...

Es para que ellos se sientan seguros.

No es lo mismo.

Kael bajó la mirada.

—¿Soy tan peligroso?

El anciano tardó en responder.

—No.

Pero el miedo puede convencer a las personas de hacer cosas terribles.

Y cuando el miedo gobierna...

La compasión desaparece.

Esa madrugada...

Mientras Kael dormía...

El brazalete emitió un pequeño destello.

Por una fracción de segundo...

Una grieta negra apareció sobre el metal.

Después desapareció.

Nadie la vio.

Excepto...

La oscuridad.



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En el texto hay: la oscuridad dominara

Editado: 01.08.2026

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