Habían pasado varios meses desde la llegada de Kael al Imperio.
Su cabello había crecido.
Su rostro seguía siendo el de un niño.
Pero sus ojos...
Ya no tenían el mismo brillo.
Aquella noche...
Orion llegó con una vieja llave de hierro.
Kael levantó la vista.
—¿Qué es eso?
El anciano sonrió.
—Hoy romperemos una regla.
Kael abrió mucho los ojos.
—¿Una regla?
—Sí.
Y espero que nunca se lo cuentes a nadie.
Los dos caminaron por antiguos pasillos de piedra.
Nox iba detrás de ellos moviendo la cola.
Finalmente llegaron frente a una enorme puerta de madera negra.
No tenía ningún símbolo imperial.
Solo una inscripción desgastada.
"El conocimiento pertenece a quien busca la verdad."
Orion introdujo la llave.
La puerta se abrió lentamente.
Kael quedó sin palabras.
Era la biblioteca más grande que había visto en su vida.
Miles de libros.
Escaleras interminables.
Estanterías que parecían tocar el techo.
Cristales flotantes iluminaban el lugar con una luz cálida.
El niño giró sobre sí mismo.
—¿Todo esto... existe?
Orion sonrió.
—Aquí descansan historias que el Imperio ya no quiere recordar.
Durante horas...
Orion le mostró mapas.
Libros antiguos.
Crónicas de guerras.
Relatos sobre razas olvidadas.
Kael escuchaba con atención.
Cada página era un mundo nuevo.
En una estantería muy alejada...
Había un libro completamente cubierto por cadenas.
Kael lo señaló.
—¿Qué hay ahí?
Orion permaneció en silencio.
Demasiado silencio.
Finalmente respondió.
—Ese libro...
No debería existir.
Kael se acercó lentamente.
En la portada apenas podía leerse una palabra.
ORIGEN
Cuando intentó tocarlo...
El brazalete de contención comenzó a calentarse.
Las cadenas del libro vibraron.
Y una pequeña sombra apareció sobre la cubierta.
Duró apenas un segundo.
Después desapareció.
Orion retrocedió.
Nunca había visto algo semejante.
Miró a Kael.
Luego al libro.
Y volvió a mirar a Kael.
Una idea cruzó su mente.
Una idea que le dio miedo incluso pensar.
Regresaron a la celda antes del amanecer.
Kael no dejaba de pensar en aquel libro.
—¿Por qué estaba encadenado?
Orion tardó en responder.
—Porque algunas verdades...
Pueden cambiar el mundo.
Aquella noche...
En la sala del Consejo.
Uno de los Sabios dejó un informe sobre la mesa.
—El sujeto ha mostrado un interés inusual por el conocimiento.
Otro respondió.
—Eso podría ser peligroso.
—¿Por qué?
—Porque un monstruo inteligente...
Es más peligroso que uno poderoso.
Muy lejos de allí...
Aether entrenaba sin descanso.
Su espada chocaba una y otra vez contra la de su maestro.
Cada golpe era más preciso.
Más fuerte.
Más rápido.
El maestro bajó finalmente su arma.
—Has mejorado mucho.
Aether respiró profundamente.
—Todavía no es suficiente.
—¿Para qué?
Aether miró el amanecer.
Y respondió con una sonrisa.
—Para proteger a mi mejor amigo.
El maestro cerró los ojos.
No tuvo el valor de decirle la verdad.
Esa misma noche...
Kael despertó sobresaltado.
Había vuelto a soñar.
Pero esta vez...
No vio oscuridad.
Vio un inmenso trono negro.
Vacío.
Sobre él descansaba una corona hecha de huesos blancos y metal oscuro.
Una voz volvió a hablar.
Esta vez...
Más clara.
"Todo rey... acaba sentado en su trono."
Kael abrió los ojos de golpe.
Respiraba con dificultad.
No entendía aquel sueño.
Pero sintió algo extraño.
Como si el trono...
Lo estuviera esperando.