El tiempo siguió avanzando.
Los días se convirtieron en semanas.
Y las semanas...
En meses.
Kael ya no era el niño asustado que había llegado al Imperio.
Seguía siendo amable.
Seguía sonriendo cuando Orion lo visitaba.
Pero había aprendido algo importante.
En aquel lugar...
No podía confiar en cualquiera.
Aquella tarde, Orion volvió con varios libros.
Pero antes de abrirlos, sacó el tablero de ajedrez.
Sonrió.
—¿Revancha, nieto?
Kael sonrió con entusiasmo.
—Esta vez voy a ganar, abuelo.
La partida comenzó.
—Nunca mires solo la pieza que tienes delante —dijo Orion mientras movía un alfil—. Mira todo el tablero.
Kael observó cada rincón.
Pensó unos segundos.
Y sonrió.
—Entonces...
¿El rey no siempre es la pieza más importante?
Orion negó con la cabeza.
—No.
A veces una pieza pequeña cambia toda la partida.
Recuerda eso.
Porque también ocurre en la vida.
Después de casi una hora...
Kael movió su última pieza.
—Jaque mate.
Orion quedó inmóvil.
Luego comenzó a reír.
Una risa sincera.
—Lo lograste...
Me ganaste.
Kael levantó los brazos.
—¡Sí!
Nox empezó a correr alrededor del tablero moviendo la cola.
Los tres rieron.
Por unos minutos...
La prisión dejó de sentirse como una prisión.
Sin embargo...
Al otro lado de la puerta...
Había alguien observándolos.
Un capitán imperial.
No sonreía.
Tomó un pequeño pergamino.
Y escribió.
"El bibliotecario Orion ha desarrollado un vínculo emocional con el Sujeto Kael."
Dobró el informe.
Y se marchó.
Esa misma noche...
El informe llegó al Consejo Imperial.
Uno de los Altos Sabios leyó en voz alta.
—"El sujeto llama 'abuelo' al bibliotecario."
Otro Sabio golpeó la mesa.
—¡Esto es exactamente lo que queríamos evitar!
Lady Seraphine frunció el ceño.
—¿Qué tiene de malo que un niño reciba cariño?
El anciano respondió con dureza.
—Todo.
Si desarrolla lazos...
Será más difícil controlarlo.
Seraphine se levantó.
—¿Escuchan lo que están diciendo?
¡Están hablando de un niño!
El líder del Consejo respondió sin levantar la voz.
—No.
Estamos hablando del ser más peligroso que ha nacido en siglos.
Mientras tanto...
Kael dormía profundamente.
Soñaba con su antigua aldea.
Con sus padres.
Con Aether.
Y con Orion.
Por primera vez desde que llegó al Imperio...
Todos aparecían sonriendo.
En la madrugada...
Orion caminaba solo por la biblioteca.
Se detuvo frente al libro encadenado.
ORIGEN.
Suspiró.
—¿Qué ocultas...?
Por primera vez en muchos años...
Decidió romper una regla.
Sacó una antigua llave de plata.
La acercó lentamente a las cadenas.
Y las cadenas comenzaron a abrirse.
Antes de que pudiera tocar el libro...
Una voz sonó detrás de él.
—¿Qué cree que está haciendo, bibliotecario?
Orion se quedó inmóvil.
Se dio la vuelta lentamente.
Tres miembros de la Guardia Imperial lo observaban.
Sus rostros eran serios.
El capitán dio un paso al frente.
—Por orden del Consejo...
Queda bajo investigación por violar las normas del Archivo Imperial.
Orion comprendió en ese instante...
Que alguien lo había estado vigilando.
Y, por primera vez...
Sintió verdadero miedo.
No por él.
Sino por Kael.