La noche cubría el Gran Imperio.
En las torres más altas...
Todo parecía tranquilo.
Pero, bajo tierra...
Los Altos Mandos celebraban una reunión secreta.
Solo siete personas podían entrar.
La puerta de piedra se cerró con un estruendo.
En el centro de la sala descansaba un antiguo pergamino.
Sobre él solo había dos palabras.
PROYECTO FUNDADOR
Uno de los consejeros rompió el silencio.
—El niño ha superado todas las estimaciones.
Otro respondió.
—El brazalete ya no contiene completamente su energía.
—Entonces debemos fabricar uno nuevo.
El anciano negó con la cabeza.
—No.
Ya es demasiado tarde para eso.
Otro consejero se levantó.
Su voz era fría.
—Si no podemos contenerlo...
Debemos convertirlo en nuestra arma.
Lady Seraphine golpeó la mesa.
—¡No!
Todos la miraron.
—¡No es un arma!
¡Es un niño!
Uno de los hombres respondió sin emoción.
—Hoy es un niño.
Mañana...
Podría ser un dios.
Mientras tanto...
Kael seguía leyendo los libros que Orion le había dejado.
Cada página era un refugio.
Cada historia...
Una forma de olvidar por unos minutos que estaba encerrado.
Nox dormía con la cabeza sobre sus piernas.
Kael acarició lentamente su pelaje.
—Cuando salga de aquí...
Vamos a correr por los bosques otra vez.
Nox movió la cola.
Como si entendiera cada palabra.
Muy lejos de allí...
Aether terminaba un combate de entrenamiento.
Había derrotado a tres caballeros mayores.
Su maestro sonrió.
—Ya estás listo para formar parte de la Guardia Sagrada.
Los presentes comenzaron a aplaudir.
Pero Aether no sonrió.
Solo hizo una pregunta.
—¿Puedo pedir una recompensa?
—Habla.
—Quiero ver a Kael.
El salón quedó en silencio.
El maestro apartó la mirada.
—Todavía no.
Aether frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque aún no es el momento.
Por primera vez...
Aether sintió que alguien le estaba ocultando la verdad.
En la madrugada...
Kael volvió a escuchar aquella voz.
No provenía del pasillo.
No provenía de un sueño.
Parecía nacer dentro de él.
"¿Cuánto tiempo más soportarás sus cadenas?"
Kael cerró los ojos.
—No quiero hacerle daño a nadie.
La voz respondió con calma.
"Lo sé."
"Pero ellos..."
"¿Acaso piensan igual?"
Kael recordó a Orion.
Recordó a sus padres.
Recordó la forma en que todos lo miraban.
No respondió.
A la mañana siguiente...
Lady Seraphine regresó.
Traía pan recién horneado y una pequeña manzana.
Los dejó sobre la mesa.
—No es gran cosa...
Pero pensé que te gustaría.
Kael sonrió.
—Gracias.
Ella dudó unos segundos.
Luego habló.
—Kael...
Si algún día recuperas tu libertad...
¿Qué harás?
El niño respondió sin pensarlo.
—Buscaré a mi abuelo.
Después...
A mis padres.
Y luego...
Volveré con Aether.
Seraphine sintió un alivio enorme.
Todavía había esperanza.
Cuando salió de la celda...
Uno de los consejeros la esperaba.
—¿Y bien?
Ella respondió con firmeza.
—Todavía quiere salvar a los demás.
El anciano sonrió con frialdad.
—Perfecto.
Entonces aún puede romperse.
Seraphine sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
El hombre comenzó a alejarse.
Sin volverse.
Respondió:
—Todo héroe tiene un punto de quiebre.
Y nosotros...
Ya encontramos el suyo.