La noche cayó sobre el Gran Imperio.
La lluvia ocultaba el sonido de los pasos.
Era la oportunidad perfecta.
Kael observó la puerta de su celda.
Apretó con fuerza la llave de plata.
Luego miró a Nox.
—¿Lista?
La pequeña bestia soltó un suave ladrido.
El joven guardia regresó unos minutos después.
Su rostro estaba cubierto por una capucha.
Sin decir una palabra, deslizó una pequeña herramienta por la cerradura.
Click.
La puerta se abrió apenas unos centímetros.
—Solo tendrás unos minutos.
Si descubren que te ayudé...
No volveré a ver el amanecer.
Kael bajó la cabeza.
—Gracias...
Nunca olvidaré esto.
El guardia sonrió con tristeza.
—Solo prométeme una cosa.
—¿Cuál?
—Nunca dejes que el odio decida por ti.
Aquellas palabras...
Eran casi idénticas a las de Orion.
Kael salió por primera vez de su celda sin cadenas.
Sentía miedo.
Pero también esperanza.
Siguió el mapa.
Los pasillos eran estrechos.
Llenos de polvo.
Nadie los utilizaba desde hacía décadas.
En algunos tramos...
Las raíces de enormes árboles atravesaban los muros de piedra.
Mientras caminaban...
Nox se detuvo de repente.
Erizó el pelaje.
Gruñó.
Kael levantó una antorcha.
No había nadie.
Pero sintió una presencia.
Como si alguien los estuviera observando desde la oscuridad.
Al llegar al final del túnel...
Encontraron una puerta antigua.
No tenía cerradura.
Solo una pequeña ranura.
Kael recordó la llave de plata.
La introdujo lentamente.
Las runas comenzaron a iluminarse.
Ruuuuuum...
La puerta se abrió.
Del otro lado...
No estaba la celda de Orion.
Era una habitación secreta.
Llena de libros antiguos.
Mapas.
Pergaminos.
Y, en el centro...
Un pedestal de piedra.
Sobre él descansaba el libro encadenado.
ORIGEN.
Kael respiró profundamente.
—¿Qué...?
Nox caminó lentamente hacia el pedestal.
No parecía tener miedo.
La llave de plata comenzó a brillar.
Como si respondiera al libro.
Kael se acercó.
Las cadenas se soltaron por sí solas.
Ningún ruido.
Ninguna explosión.
Solo un silencio absoluto.
Abrió lentamente la primera página.
No había palabras.
Solo un dibujo.
Un inmenso árbol negro.
Sus raíces atravesaban montañas.
Sus ramas tocaban las estrellas.
En la base del árbol...
Había una figura.
Sentada en un trono.
Su rostro estaba cubierto por sombras.
Debajo del dibujo solo había una frase.
"Antes de los reyes..."
"Existió el Primer Portador."
Kael sintió un escalofrío.
Pasó la página.
Estaba vacía.
La siguiente...
También.
Y otra más.
Nada.
Hasta que llegó al centro del libro.
Allí encontró una carta.
Escrita con la caligrafía de Orion.
Sus manos comenzaron a temblar.
La abrió lentamente.
"Si estás leyendo esto..."
"Significa que lograste encontrar la biblioteca."
"Y también significa que yo probablemente ya no pueda protegerte."
Kael tragó saliva.
Continuó leyendo.
"Quiero que recuerdes esto, nieto."
"No eres un monstruo."
"No naciste para destruir el mundo."
"El mundo decidirá quién cree que eres..."
"Pero solo tú decidirás quién quieres ser."
Una lágrima cayó sobre el papel.
"Aún no leas el resto del libro."
"Todavía no estás preparado."
"Cuando llegue el momento..."
"La llave volverá a responder."
"Y entonces conocerás la verdad sobre el Fundador."
Kael abrazó la carta contra su pecho.
—Gracias...
Abuelo.
De repente...
Un fuerte sonido retumbó por toda la habitación.
¡¡¡ALARMA!!!
Una voz resonó en los pasillos.
—¡INTRUSO EN EL ARCHIVO PROHIBIDO!
Las antorchas comenzaron a encenderse una tras otra.
Nox se colocó delante de Kael.
Gruñendo.
Los soldados ya venían en camino.