El fundador

Capítulo 23: Los Guardianes del Silencio

El viento azotaba las montañas que rodeaban el Gran Imperio.

Kael corría sin detenerse.

Nox avanzaba a su lado.

Detrás de ellos...

Las alarmas seguían sonando.

El hombre de la cicatriz abrió una antigua puerta de piedra escondida entre la vegetación.

—Entren.

Los tres desaparecieron en el interior.

La puerta volvió a cerrarse.

Los soldados pasaron frente al lugar unos segundos después.

No encontraron ningún rastro.

Dentro...

El lugar era enorme.

No era una cueva.

Era un antiguo santuario olvidado por el tiempo.

Había estatuas rotas.

Libros cubiertos de polvo.

Y enormes vitrales destruidos que dejaban pasar la luz de la luna.

Kael observó todo sorprendido.

—¿Qué es este lugar?

El hombre respondió con calma.

—Hace siglos...

Aquí se reunían quienes protegían el conocimiento.

Hoy...

Solo quedan ruinas.

Kael dio un paso hacia él.

—¿Quién es usted?

El hombre hizo una pequeña reverencia.

—Mi nombre es...

Ragnar.

—Fui capitán de la Guardia Imperial.

Hasta que descubrí la verdad.

Kael frunció el ceño.

—¿Qué verdad?

Ragnar permaneció unos segundos en silencio.

Después respondió.

—Que el Imperio ya no protege al mundo.

Protege su poder.

Kael recordó las palabras de Orion.

"El miedo puede convertir a las buenas personas en monstruos."

Ragnar caminó hasta una vieja mesa.

Sobre ella colocó un pergamino.

No era una profecía.

Era un mapa.

Mostraba el continente de Duskaria.

Kael abrió mucho los ojos.

Nunca había visto un mapa completo.

Ragnar señaló varios lugares.

—Aquí viven los dragones.

Aquí...

Los gigantes.

Más al oeste...

Los elfos.

Y al norte...

El Reino Celestial de los Elarim.

Kael observó cada rincón.

El mundo era mucho más grande de lo que imaginaba.

Después señaló un enorme espacio negro.

No tenía nombre.

Solo estaba marcado con una frase.

"Territorio Prohibido."

Kael levantó la vista.

—¿Qué hay ahí?

Ragnar respondió con seriedad.

—Nadie lo sabe.

Los que entran...

Nunca regresan.

De repente...

Nox comenzó a gruñir.

No miraba la puerta.

Miraba el techo.

Un segundo después...

¡BOOM!

El techo explotó.

Enormes bloques de piedra cayeron por todas partes.

Los soldados imperiales habían encontrado el refugio.

Entre el humo apareció un hombre con una armadura completamente blanca.

Su capa llevaba el emblema del Imperio.

Sus ojos eran fríos.

Ragnar apretó los dientes.

—No...

No podía ser él...

Kael observó al recién llegado.

—¿Quién es?

Ragnar respondió con preocupación.

—Uno de los Doce Caballeros Celestiales...

Caelum, la Espada del Alba.

Caelum apoyó lentamente su espada sobre el suelo.

Su voz era tranquila.

Pero imponía respeto.

—Entréguenme al niño.

Y nadie morirá.

Ragnar dio un paso adelante.

—No pienso hacerlo.

Caelum cerró los ojos.

Como si lamentara la respuesta.

—Entonces...

Perdóname.

En un solo instante...

Desapareció.

Kael apenas alcanzó a verlo.

¡CLANG!

Ragnar bloqueó el golpe con su espada.

La onda de choque rompió varias columnas.

Kael quedó paralizado.

Jamás había visto a alguien moverse tan rápido.

Caelum volvió a atacar.

Cada golpe era preciso.

Sin odio.

Sin ira.

Solo cumplía una misión.

Ragnar retrocedía poco a poco.

Comprendía una terrible verdad.

No podría detenerlo por mucho tiempo.

Antes de lanzar el siguiente ataque...

Caelum miró fijamente a Kael.

Y dijo una frase que hizo temblar el corazón del niño.

"No te odio..."

"Pero si vivir significa condenar al mundo..."

"...entonces debo acabar contigo."

Kael no respondió.

Solo bajó la cabeza.

Porque, por primera vez...

Se preguntó si realmente su existencia era una amenaza.



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En el texto hay: la oscuridad dominara

Editado: 01.08.2026

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