El santuario temblaba.
Las espadas chocaban una y otra vez.
¡CLANG!
Cada golpe de Caelum hacía retroceder a Ragnar.
Las antiguas columnas comenzaban a derrumbarse.
El polvo cubría el aire.
Kael observaba inmóvil.
Nunca había visto una batalla de ese nivel.
No entendía cómo dos personas podían moverse tan rápido.
—¡Kael! —gritó Ragnar mientras bloqueaba otro golpe—.
¡No te quedes ahí!
¡Corre!
Kael dio un paso.
Pero se detuvo.
No podía abandonar a Ragnar.
No otra vez.
Ya había perdido a demasiadas personas.
Caelum volvió a atacar.
Su espada brilló con una intensa luz dorada.
—Primer Arte Celestial...
—Corte del Amanecer.
Una gigantesca onda de energía atravesó el santuario.
Ragnar logró desviarla.
Pero el impacto lo lanzó varios metros contra una columna.
¡BOOM!
La piedra se hizo añicos.
—¡Ragnar!
Kael corrió hacia él.
El antiguo capitán escupió un poco de sangre.
Sonrió con dificultad.
—Te dije...
Que corrieras...
Caelum caminó lentamente hacia ellos.
No parecía orgulloso.
Solo decidido.
—No quiero matar a nadie más.
Entréguense.
Kael dio un paso al frente.
Por primera vez...
Se colocó entre Ragnar y Caelum.
—No...
Caelum levantó una ceja.
—¿Qué dijiste?
Kael respiró hondo.
Su voz temblaba.
Pero no retrocedió.
—No voy a dejar...
Que siga lastimando a las personas que me protegen.
Caelum lo observó en silencio.
Después...
Clavó su espada en el suelo.
—Entonces demuéstrame...
Que vale la pena protegerte.
Kael levantó lentamente las manos.
No sabía pelear.
No conocía técnicas.
Solo tenía su extraño poder.
Respiró profundamente.
Por un instante...
Una pequeña sombra apareció alrededor de sus pies.
Era débil.
Como una llama a punto de apagarse.
Caelum frunció el ceño.
—Así que...
Es cierto.
La sombra comenzó a extenderse.
Muy lentamente.
Las antorchas del santuario se apagaron una por una.
La temperatura descendió.
El aire se volvió pesado.
Kael sintió un fuerte dolor en el pecho.
Era como si algo intentara salir de su interior.
Pero él...
Lo estaba conteniendo.
Dentro de su mente...
Escuchó nuevamente aquella voz.
"Déjame salir..."
Kael cerró los ojos.
—No.
"Solo un instante..."
—No.
"Ellos quieren matarte..."
—¡No!
La oscuridad desapareció.
Tan rápido como había aparecido.
Kael cayó de rodillas.
Respiraba con dificultad.
Caelum permaneció completamente inmóvil.
Había visto suficiente.
Guardó lentamente su espada.
—Ahora entiendo...
Ragnar abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué...?
Caelum miró a Kael.
No con miedo.
Sino con una profunda tristeza.
—Todavía luchas contra tu propia oscuridad.
Durante unos segundos...
Nadie habló.
Entonces...
El comunicador de Caelum brilló.
Una voz proveniente del Consejo resonó.
—Caballero Caelum.
—Regrese inmediatamente.
—Tenemos una nueva prioridad.
Caelum permaneció en silencio unos instantes.
Finalmente respondió.
—Entendido.
Antes de marcharse...
Miró una última vez a Kael.
—Escúchame bien.
Mientras puedas seguir diciendo "no" a ese poder...
Todavía hay esperanza para ti.
Pero...
El día que respondas "sí"...
Ni todo el Imperio podrá detenerte.
Con un solo salto...
Desapareció entre las ruinas.
El santuario volvió a quedar en silencio.
Kael seguía arrodillado.
Temblando.
No entendía qué había intentado salir de él.
Pero una cosa era segura.
Aquella oscuridad...
Había obedecido su voluntad.
Por ahora.