Las ruinas del santuario permanecían en silencio.
Ragnar observó la dirección por donde había desaparecido Caelum.
Soltó un largo suspiro.
—Nos dejó vivir...
Pero la próxima vez no tendrá esa opción.
Kael seguía mirando sus manos.
La oscuridad ya había desaparecido.
Pero todavía sentía aquel frío dentro de su pecho.
—¿Qué fue eso...?
Preguntó en voz baja.
Ragnar respondió con sinceridad.
—No lo sé.
Y eso es lo que más me preocupa.
De repente...
El hombre recordó algo.
Metió la mano dentro de su capa y sacó un pequeño cristal azul.
Estaba agrietado.
Brillaba muy débilmente.
—Orion me dio esto hace años.
Me dijo que solo debía usarlo...
Si algún día tú lograbas escapar.
Kael tomó el cristal.
En cuanto lo tocó...
La luz aumentó.
Una imagen comenzó a formarse en el aire.
No era una ilusión cualquiera.
Era un recuerdo.
Orion apareció frente a ellos.
No era realmente él.
Era un mensaje que había dejado preparado.
El anciano sonreía.
Como siempre.
—Si estás viendo esto...
Significa que las cosas no salieron como esperaba.
Kael sintió un nudo en la garganta.
—Abuelo...
La imagen continuó.
—Perdóname, nieto.
No podré acompañarte mucho más.
Pero quiero que escuches con atención.
Nunca dejes que el odio sea quien tome tus decisiones.
La oscuridad que llevas dentro...
No es maldad.
Es una fuerza.
Y una fuerza...
Depende de quien la utilice.
Orion respiró profundamente.
—Quiero pedirte una última cosa.
Confía en Aether.
Aunque algún día el mundo los coloque en lados opuestos...
Recuerda que antes de ser enemigos...
Fueron hermanos.
Ragnar bajó la cabeza.
Ni siquiera él conocía ese mensaje.
Orion volvió a sonreír.
—Y otra cosa...
Si alguna vez sientes que estás completamente solo...
Mira las estrellas.
Yo también las estaré mirando.
Aunque ya no pueda caminar a tu lado.
La imagen comenzó a desvanecerse.
Kael dio un paso adelante.
—¡No...!
Pero era demasiado tarde.
Antes de desaparecer por completo...
Orion dijo sus últimas palabras.
—Estoy orgulloso de ti...
Nieto.
La luz desapareció.
El cristal se hizo polvo entre las manos de Kael.
Ninguno habló.
Solo se escuchaba el viento atravesando las ruinas.
Una lágrima cayó sobre el suelo de piedra.
Muy lejos de allí...
En las profundidades del Imperio...
El líder del Consejo observaba a Orion desde el otro lado de unas rejas.
—Mañana será tu último interrogatorio.
Orion levantó lentamente la cabeza.
Y sonrió.
—Entonces...
Mañana también será el último día en que crean controlar el destino.
El anciano del Consejo frunció el ceño.
No entendía aquellas palabras.
Pero, por alguna razón...
Sintió miedo.