Ragnar condujo a Kael hasta un refugio oculto en las montañas.
Era una vieja cabaña de piedra.
Allí vivían unos pocos hombres y mujeres.
Todos antiguos soldados.
Todos exiliados.
Al ver a Kael...
Nadie habló.
Solo hicieron una leve reverencia.
No por miedo.
Sino por respeto hacia Orion.
Aquella noche...
Una anciana se acercó a Kael.
Le entregó una manta.
—Orion hablaba mucho de ti.
Decía que eras muy terco.
Kael sonrió por primera vez en días.
—También decía que algún día me ganaría jugando ajedrez.
La mujer rió.
—Nunca pudo vencerme.
Kael abrió mucho los ojos.
—¿En serio?
—Sí.
Y siempre se enojaba cuando perdía.
Ambos rieron.
Por un instante...
Kael volvió a sentirse un niño.
Muy lejos de allí...
Aether recibió una carta.
Solo tenía una orden.
"Presentarse inmediatamente ante el Consejo."
Su corazón comenzó a acelerarse.
Presentía que algo terrible estaba ocurriendo.
Esa misma noche...
Orion observaba la luna desde su celda.
Sonrió.
—Buenas noches...
Nieto.