El Gran Salón del Consejo estaba completamente lleno.
Nobles.
Generales.
Caballeros Celestiales.
Sabios.
Todos habían sido convocados.
Las enormes puertas se abrieron.
Orion entró encadenado.
Su caminar era lento.
Pero digno.
No inclinó la cabeza.
No mostró miedo.
El líder del Consejo habló.
—Orion...
Has sido acusado de alta traición contra el Imperio.
De ocultar información prohibida.
Y de proteger al portador de la oscuridad.
¿Tienes algo que decir antes de recibir sentencia?
Orion levantó lentamente la vista.
Sonrió.
Y respondió:
—Sí.
Tengo algo que decir.
Toda la sala quedó en silencio.
—Ustedes creen que están protegiendo al mundo.
Pero lo único que están haciendo...
Es enseñándole a un niño...
Que este mundo jamás tendrá un lugar para él.
Lady Seraphine bajó la cabeza.
No pudo contener las lágrimas.
Orion continuó.
—Todavía están a tiempo.
Déjenlo vivir.
Déjenlo elegir.
Porque si continúan arrebatándole todo...
No crearán un monstruo.
Crearán...
La desesperación.
El líder del Consejo cerró los ojos.
—La decisión ya fue tomada.
Levantó la mano.
Y pronunció las palabras que hicieron temblar el salón.
"Orion será ejecutado al amanecer dentro de tres días."
El silencio fue absoluto.
Lady Seraphine dio un paso al frente.
—¡No!
—¡Esto es una locura!
Dos guardias la sujetaron.
Muy lejos del Imperio...
Kael despertó sobresaltado.
Se llevó una mano al pecho.
Sentía un dolor insoportable.
Como si su corazón hubiera escuchado aquella sentencia.
Nox comenzó a aullar hacia la luna.
Ragnar abrió la puerta de la cabaña.
Miró el cielo.
Y murmuró:
—Ya empezó...