Ragnar reunió a todos los exiliados.
Extendió un mapa sobre la mesa.
—Tenemos dos días.
El silencio invadió la habitación.
—¿Dos días para qué?
Preguntó Kael.
Ragnar levantó la mirada.
Con tristeza.
—Van a ejecutar a Orion.
El mundo pareció detenerse.
Kael sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—No...
No...
Eso no...
No puede ser...
Ragnar colocó una mano sobre su hombro.
—Escúchame.
Todavía podemos rescatarlo.
Pero será una misión suicida.
Kael levantó la cabeza.
Sus ojos estaban decididos.
—Entonces iremos.
Aunque tenga que enfrentar a todo el Imperio.
Muy lejos...
Caelum observaba el amanecer desde la muralla.
Sabía que pronto tendría que elegir entre obedecer al Consejo...
O seguir aquello que consideraba justo.