Los túneles terminaban bajo la prisión imperial.
Ragnar abrió una vieja compuerta.
—Desde aquí...
Estás solo.
Kael respiró profundamente.
—Gracias...
Por traerme hasta aquí.
Corrió por los pasillos.
Esquivó patrullas.
Evitó trampas.
Hasta que llegó frente a una vieja puerta de hierro.
Dentro...
Orion levantó lentamente la cabeza.
Los dos quedaron inmóviles.
No hacían falta palabras.
Kael rompió en llanto.
—¡Abuelo!
Orion sonrió.
—Llegaste...
Nieto.
Kael abrió la puerta con la llave de plata.
Entró corriendo.
Lo abrazó con todas sus fuerzas.
Orion correspondió el abrazo.
—Has crecido...
Mucho.
—Perdón...
Perdón por tardar tanto.
—No tienes nada que perdonar.
Durante unos minutos...
El mundo dejó de existir.
Solo eran un abuelo...
Y su nieto.
Orion tomó el rostro de Kael entre sus manos.
—Escúchame.
Nunca olvides quién eres.
No importa lo que ocurra después de esta noche.