Kael caminaba por el túnel.
No corría.
No lloraba.
No hablaba.
Solo caminaba.
Nox lo seguía.
Sin hacer ruido.
De pronto...
La llave de plata cayó al suelo.
Se partió en dos.
Al mismo tiempo...
La carta de Orion comenzó a deshacerse.
Como si hubiera cumplido su propósito.
Kael se arrodilló.
Intentó recoger los pedazos.
Pero el viento se los llevó.
No quedó nada.
Por primera vez desde que nació...
Kael no sintió tristeza.
No sintió rabia.
No sintió miedo.
No sintió absolutamente nada.
En su mente...
La voz volvió.
Pero esta vez...
No preguntó.
Solo dijo:
"Ya no queda nadie para sostenerte."
Kael permaneció en silencio.
"Solo dilo."
Silencio.
"Acepta mi mano."
Kael levantó lentamente la cabeza.
Sus ojos ya no reflejaban lágrimas.
Solo un inmenso vacío.
Y respondió con una sola palabra.
—...Sí.
En ese mismo instante...
Todo Duskaria tembló.