Kael y Nox llegaron a un valle olvidado.
En el centro...
Había un antiguo templo destruido.
Las paredes estaban cubiertas por raíces negras.
Como si la oscuridad hubiera estado allí desde hacía siglos.
Kael se acercó.
En el fondo del templo encontró un enorme trono de piedra.
Vacío.
Cubierto de polvo.
Cuando dio un paso más...
El suelo comenzó a vibrar.
Las raíces negras crecieron.
Rodearon lentamente el trono.
Como si lo reconocieran.
Kael se quedó inmóvil.
La voz volvió a aparecer.
"Siéntate."
Esta vez...
Kael no respondió.
Simplemente se sentó.
En el instante en que lo hizo...
La oscuridad envolvió todo el templo.
En las paredes comenzaron a aparecer antiguos nombres.
Reyes.
Imperios.
Civilizaciones.
Todos habían desaparecido.
Debajo de ellos apareció una última inscripción.
"Aún falta uno."
Nox comenzó a gemir.
Miraba la entrada del templo.
Había alguien afuera.
Una figura envuelta en una túnica gris observaba a Kael.
No habló.
Solo dejó una espada negra clavada en el suelo.
Después desapareció.
Kael nunca supo quién era.