El fundador

Capítulo 43: El Rey sin Reino

El nombre del Fundador ya recorría todo Duskaria.

No existía reino...

Ni aldea...

Ni puerto...

Donde no se hablara de él.

Algunos lo llamaban demonio.

Otros...

El fin del mundo.

Pero nadie conocía la verdad.

Nadie sabía que, detrás de aquella leyenda...

Solo había un muchacho que había perdido a su abuelo.

En el Gran Imperio...

El Consejo convocó una reunión de emergencia.

Los doce Caballeros Celestiales permanecían de pie.

Ninguno pronunciaba una palabra.

El líder del Consejo caminó lentamente alrededor de la mesa.

Su voz era firme.

—Desde hoy...

El Imperio entra en estado de guerra.

Un enorme mapa de Duskaria apareció sobre la mesa.

En el centro...

Había un único símbolo negro.

KAEL

—Todo reino recibirá el mismo mensaje.

El líder hizo una pausa.

—El Fundador debe morir.

Sin importar el costo.

Muy lejos de allí...

En el Reino Celestial de los Elarim...

Las campanas sagradas sonaron doce veces.

Los altos sacerdotes levantaron la vista hacia el cielo.

Un anciano, vestido con túnicas blancas, habló con solemnidad.

—Ha comenzado.

Uno de los jóvenes guerreros preguntó:

—¿La guerra?

El anciano negó lentamente.

—No...

El juicio del mundo.

Mientras tanto...

Kael seguía caminando entre montañas.

No tenía un destino.

Solo avanzaba.

Nox caminaba a su lado.

Pero sus pasos eran cada vez más lentos.

Cada pocos minutos se detenía para recuperar el aliento.

Kael lo notó.

Se agachó junto a ella.

—Descansa un poco.

Nox apoyó su cabeza en el hombro de Kael.

Él cerró los ojos.

Por un instante...

Recordó el día en que la encontró siendo apenas una cría.

Recordó cómo corría alrededor de Orion.

Recordó sus ladridos.

Y, por primera vez desde el despertar del Fundador...

Sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Triste.

En las sombras del bosque...

Alguien los observaba.

No era un soldado.

No era un asesino.

Era una joven de cabello plateado y ojos color ámbar.

Llevaba un arco en la espalda y una capa verde oscura.

Había seguido a Kael durante dos días.

Lo había visto ayudar a un pájaro herido.

Lo había visto apartar a Nox de un precipicio.

Y comprendió algo que el mundo ignoraba.

—No actúa como un monstruo...

Susurró.

Antes de retirarse, dejó discretamente una pequeña bolsa con comida y hierbas medicinales cerca del campamento de Kael.

No quiso mostrarse.

Solo desapareció entre los árboles.

Cuando Kael encontró la bolsa al amanecer, miró a su alrededor.

No había nadie.

Por primera vez en mucho tiempo...

Alguien le había tendido una mano sin pedir nada a cambio.

En el Gran Imperio...

Caelum permanecía solo en el patio de entrenamiento.

Observó el cielo.

Luego cerró los ojos.

—Orion...

Si de verdad nos equivocamos...

Aún estoy a tiempo de corregirlo.

En la sala del Consejo...

El líder recibió un informe.

Lo leyó lentamente.

Y sonrió.

—Así que ya lo encontraron...

Levantó la vista hacia los demás consejeros.

—Pongan precio a su cabeza.

Quiero que cada mercenario...

Cada cazador...

Y cada reino de Duskaria...

Persiga al Fundador.

Que no exista un solo lugar donde pueda descansar.

Esa misma noche...

Kael observó el cielo estrellado.

Nox dormía apoyada sobre sus piernas.

Él acariciaba su pelaje con cuidado.

En voz muy baja, casi como si hablara consigo mismo, dijo:

—Abuelo...

Dijiste que mirara las estrellas cuando me sintiera solo.

Las estoy mirando.

Pero...

Hoy se sienten muy lejos.

El viento movió las hojas de los árboles.

Y, por un instante...

Kael creyó escuchar la risa de Orion.

No respondió.

Solo siguió contemplando el cielo.



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En el texto hay: la oscuridad dominara

Editado: 01.08.2026

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