Kael cavó la tumba con sus propias manos.
No utilizó magia.
No utilizó oscuridad.
Solo sus manos.
Hasta hacerlas sangrar.
Eryn y Lia permanecían detrás de él.
Sin decir una palabra.
Cuando terminó...
Colocó cuidadosamente el cuerpo de Nox sobre un lecho de flores blancas.
La misma especie que ella perseguía cuando era pequeña.
Kael dejó junto a ella el viejo collar que Orion había hecho años atrás.
Después habló.
Con una voz apenas audible.
—Gracias...
Por nunca tenerme miedo.
Cubrió lentamente la tumba.
Cuando terminó...
Clavó una sencilla cruz de madera.
No escribió "Nox".
Solo grabó una palabra.
Familia.
Aquella noche...
Kael permaneció sentado frente a la tumba.
Mirando las estrellas.
Igual que Orion le había enseñado.
La oscuridad lo rodeaba.
Pero por primera vez...
No respondió a su llamado.
Solo permaneció en silencio.
Muy lejos...
En el Gran Imperio...
Caelum sintió una extraña presión en el pecho.
Miró hacia el horizonte.
Y murmuró:
—Llegué...
Demasiado tarde.
Mientras tanto...
En las profundidades del mundo...
Diez antiguos sellos comenzaron a agrietarse.
Uno...
Tras otro.
Como si algo hubiera despertado.
Y una voz desconocida susurró desde las sombras:
"El Fundador ya está completamente solo..."
"Ha llegado el momento de reunir a sus Apóstoles."