Dos días después...
Kael encontró nuevamente al niño de cabello blanco.
Eryn entrenaba solo.
Golpeaba un tronco una y otra vez.
Sus manos sangraban.
Pero seguía levantándose.
Kael permaneció observando.
Finalmente preguntó:
—¿Por qué sigues?
Eryn respondió sin dejar de golpear.
—Porque nunca volveré a ser débil.
Kael se acercó.
Le entregó una espada de madera.
—Entonces aprende correctamente.
Durante semanas...
Kael comenzó a entrenarlo.
Le enseñó a mantener la calma.
A no dejarse dominar por la ira.
A proteger antes de atacar.
Cada enseñanza...
Era una enseñanza que Orion le había dado a él.
Una tarde...
Eryn cayó al suelo, agotado.
Levantó la mirada.
—¿Por qué hace todo esto por mí?
Kael guardó silencio unos segundos.
Después respondió:
—Porque alguien lo hizo por mí.
Esa noche...
Eryn hizo una reverencia.
—No soy fuerte.
No tengo un gran poder.
Pero...
Permítame caminar a su lado.
Hasta el final.
Kael lo observó.
Y respondió:
—Entonces levántate.
Desde hoy...
Ya no caminarás solo.
Desde la distancia...
La antigua voz volvió a hablar.
"El primero ha sido elegido."