El sol comenzaba a ocultarse.
Kael, Eryn, Lia y Darius caminaban por un viejo camino de piedra.
Los árboles permanecían inmóviles.
Demasiado inmóviles.
Darius frunció el ceño.
—Hay alguien.
Kael ya lo había sentido.
Una presencia.
Fuerte.
Muy fuerte.
Pero diferente.
No transmitía odio.
Entonces...
¡Crunch!
El sonido de una manzana rompiéndose.
Sentado sobre una enorme roca había un joven.
Cabello negro con mechones plateados.
Una espada gigantesca descansaba sobre su hombro.
Mordió otra vez la manzana.
Miró a Kael.
Sonrió.
—Así que tú eres el famoso Fundador...
Hizo una pausa.
—La verdad...
Esperaba alguien más feo.
Eryn casi desenvainó su espada.
Darius dio un paso al frente.
Pero Kael levantó una mano.
Los detuvo.
El joven bajó de la roca.
—Me llamo Chemarion Valcrest.
Pero todos me dicen...
Chema.
Kael permaneció en silencio.
Chema suspiró.
—¿Siempre eres tan callado?
Qué aburrido.