La batalla continuó durante varios minutos.
Ninguno lograba imponerse.
Kael aumentó la intensidad de su oscuridad.
El cielo comenzó a cubrirse de negro.
Chema respiró hondo.
Su sonrisa desapareció.
—Ahora sí...
Esto se puso serio.
Los árboles caían.
Las montañas temblaban.
Pero ninguno de los dos intentaba matar al otro.
Solo medían sus fuerzas.
Chema guardó su espada.
Kael levantó una ceja.
—¿Terminaste?
Chema rió.
—No.
Solo entendí algo.
Se acercó lentamente.
—No eres el monstruo que dicen.
Kael permaneció en silencio.
Chema volvió a sonreír.
—Pero tampoco eres un héroe.
Y eso me gusta.
Se dio la vuelta.
Comenzó a alejarse.
Antes de desaparecer...
Levantó una mano.
—Nos volveremos a ver, Fundador.
La próxima vez...
No traeré una manzana.
Traeré ganas de ganar.
Kael observó cómo se marchaba.
Darius habló.
—¿Por qué lo dejaste ir?
Kael respondió con calma.
—Porque...
Él tampoco intentó matarme.
Muy lejos...
Oculto entre las nubes...
Un anciano observaba toda la pelea.
Su túnica llevaba grabado un símbolo antiguo:
♈ ( Aries)
Sonrió lentamente.
—Así que...
El Fundador ya comenzó a atraer a las piezas del destino.
Detrás de él...
Nueve siluetas permanecían inmóviles.
Los primeros Semidioses del Zodiaco habían despertado.