Tras separarse de Chema, el grupo continuó su viaje.
Darius rompió el silencio.
—Mi señor...
Usted pelea muy bien.
Pero...
Siempre lucha con las manos vacías.
Kael levantó la mirada.
—Lo sé.
Darius señaló unas montañas lejanas.
—Existe una antigua forja abandonada.
Hace siglos...
Los mejores herreros del continente trabajaban allí.
Dicen que una espada espera a alguien digno.
Esa misma noche...
Los cuatro emprendieron el camino.
Sin saber que alguien ya los esperaba.
En las profundidades de la montaña...
Una espada negra descansaba clavada sobre un altar.
La hoja parecía absorber la luz.
Nadie había logrado moverla en más de mil años.
Cuando Kael entró...
La espada comenzó a vibrar.
Una voz antigua resonó en toda la caverna.
"El Fundador ha llegado."