Kael caminó lentamente hacia el altar.
Colocó una mano sobre la empuñadura.
No intentó arrancarla.
Solo la sostuvo.
Durante unos segundos...
No ocurrió nada.
Entonces...
La espada liberó una inmensa ola de oscuridad.
La montaña entera comenzó a temblar.
Eryn cayó al suelo.
Darius apenas podía mantenerse de pie.
La espada habló.
"¿Qué buscas?"
Kael respondió sin dudar.
—Un mundo donde ningún niño vuelva a sufrir lo que yo sufrí.
El silencio invadió la caverna.
Después...
La espada aceptó a su dueño.
Con un solo movimiento...
Kael la desenvainó.
La hoja era negra como un cielo sin estrellas.
En el centro tenía una fina línea plateada que brillaba suavemente.
Darius sonrió.
—Una espada digna del Fundador.
Kael la observó.
Y murmuró:
—Mors Aeterna.