En la capital del Imperio...
Aether entrenaba desde el amanecer.
Su espada de luz atravesaba el aire con una precisión perfecta.
Una...
Dos...
Cien veces.
No se detenía.
Cada golpe iba acompañado por el mismo recuerdo.
"No importa lo que ocurra después de esta noche..."
La voz de Orion seguía viva en su memoria.
Lady Seraphine apareció detrás de él.
—Sigues entrenando hasta sangrar.
Aether bajó la espada.
—Si hubiera sido más fuerte...
Quizá habría podido salvarlos.
Seraphine negó con tristeza.
—No puedes cargar con toda la culpa.
Ella le entregó un pergamino sellado.
Aether rompió el sello.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Es verdad?
Seraphine asintió.
—El Fundador apareció otra vez.
Liberó un Bastión de esclavos...
Y no mató a un solo inocente.
Aether guardó silencio.
Aquello no coincidía con la imagen que el Consejo le había mostrado.
Esa noche...
Miró al cielo.
—Kael...
¿Quién eres realmente ahora?