El bosque permanecía en silencio.
Kael caminaba al frente.
Darius, Valka, Eryn y Lia lo seguían a cierta distancia.
De repente...
Kael se detuvo.
Sintió una presencia.
Una presencia que conocía demasiado bien.
Detrás de él...
Entre los árboles...
Apareció un joven vestido con una armadura blanca y dorada.
En su espalda descansaba una espada de luz.
Sus ojos azules temblaban.
—Kael...
El tiempo pareció detenerse.
Darius dio un paso al frente.
—¿Quién es?
Kael levantó una mano.
—No intervengan.
Aether caminó lentamente.
Cada paso pesaba como una montaña.
Después de tantos años...
Por fin estaba frente a su hermano.
—Pensé que nunca volvería a verte...
Kael no respondió.
Solo observaba.
Con el mismo rostro inexpresivo de siempre.
Aether sonrió con tristeza.
—Has crecido...
Kael bajó lentamente la mirada.
—Tú también.
Fue la primera vez en años que pronunciaba tantas palabras seguidas.
El silencio volvió.
Hasta que Aether habló.
—Volvamos.
Podemos arreglar esto.
Podemos demostrar quiénes fueron los verdaderos culpables.
Podemos honrar la memoria del abuelo Orion.
Kael levantó lentamente la vista.
Sus ojos ya no eran los de aquel niño.
—Orion murió creyendo que el mundo podía cambiar.
Yo ya no.