Durante semanas...
Kael y sus compañeros caminaron por Duskaria.
En cada pueblo ocurría lo mismo.
Huérfanos.
Esclavos.
Viudas.
Personas marcadas por la guerra.
Todos eran abandonados.
Lia preguntó:
—¿Por qué nadie los ayuda?
Kael respondió.
—Porque dejaron de verlos como personas.
Al llegar a un enorme valle rodeado por montañas negras...
Kael se detuvo.
El lugar estaba completamente vacío.
Solo había ruinas de una antigua ciudad.
Darius habló.
—Hace siglos hubo un reino aquí.
El Imperio lo destruyó.
Desde entonces nadie volvió.
Kael caminó hasta el centro de las ruinas.
Clavó Mors Aeterna en el suelo.
La oscuridad comenzó a extenderse.
Pero esta vez...
No destruyó.
Las piedras comenzaron a levantarse.
Las murallas se reconstruían.
Los caminos reaparecían.
Las casas volvían a existir.
Valka abrió los ojos.
—¿Está... reconstruyendo una ciudad?
Kael respondió:
—No.
Estoy construyendo...
Un hogar.