El Palacio Imperial.
Todos los reyes aliados estaban reunidos.
El Emperador se puso de pie.
—Kael ya no es un fugitivo.
Ahora tiene seguidores.
Eso lo convierte...
En una amenaza para el mundo.
Un noble preguntó:
—¿Qué propone?
El Emperador respondió:
—Movilizaremos el ejército completo.
Quinientos mil soldados.
Magos.
Caballeros.
Dragones imperiales.
Todo.
Mientras tanto...
En Noctaris...
Kael ayudaba a reconstruir una casa.
Con sus propias manos.
No usando magia.
Un niño se acercó.
—¿De verdad eres el Fundador?
Kael sonrió muy levemente.
—Eso dicen.
—¿Y eres malo?
Kael guardó silencio.
Después respondió:
—Depende de a quién le preguntes.
En ese instante...
Un halcón llegó con un pergamino.
Darius lo abrió.
Su expresión cambió.
—Mi señor...
El Imperio nos ha declarado la guerra.
Todos quedaron en silencio.
Kael tomó el pergamino.
Lo leyó.
Luego levantó la vista.
Su aura comenzó a extenderse.
No de ira.
De determinación.
—Entonces...
Nos prepararemos.
Porque esta vez...
No huiremos.
En lo alto de una montaña...
Chema observaba Noctaris.
Sonrió.
—Ahora sí empezó la verdadera historia.
Y, por primera vez...
Desenvainó completamente su espada.