Esa noche...
Una mujer entró en Noctaris.
Cabello negro.
Ojos violetas.
Una espada colgaba de su cintura.
Vestía como una mercenaria.
Su nombre era...
Selene.
Buscaba una recompensa.
La cabeza del Fundador.
Encontró a Kael entrenando solo.
Sin decir una palabra...
Lo atacó.
¡CLANG!
Las espadas chocaron.
Durante varios minutos...
Ninguno logró superar al otro.
Selene retrocedió.
Sonrió.
—Así que los rumores eran ciertos.
Kael respondió.
—Tú también eres fuerte.
Era la primera vez que halagaba a alguien.
Selene guardó la espada.
—No vine a unirme a ti.
Solo quería saber si el monstruo existía.
Ahora ya lo sé.
Antes de marcharse...
Volteó una última vez.
—Espero que la próxima vez...
No tengamos que contenernos.
Kael la observó alejarse.
Sin saber por qué...
Aquella mujer quedó en su mente.