Al amanecer...
Llegó un mensajero del Reino de Valdren.
Traía una carta.
El rey exigía que Kael se entregara.
Y amenazaba con ejecutar a cien prisioneros si se negaba.
Darius apretó los puños.
—¿Qué hacemos?
Kael leyó la carta.
Luego levantó la vista.
—Prepárense.
Tres días después...
El Fundador apareció frente al castillo de Valdren.
Solo.
El rey sonrió desde las murallas.
—¿Viniste a rendirte?
Kael respondió con una voz que recorrió todo el reino.
—No.
Vine a dictar sentencia.
La oscuridad comenzó a cubrir el cielo.
Los dos dragones rugieron.
Mors Aeterna brilló con una luz negra.
Todo el reino sintió la presión del aura del Fundador.
Muchos soldados cayeron de rodillas.
Kael levantó la espada.
Y dijo:
"Si un rey sacrifica inocentes para conservar su poder..."
"...ese rey ya eligió su propia muerte."
Y dio el primer paso hacia el castillo.