Kael atravesó el salón del trono.
El rey de Valdren permanecía sentado.
Intentaba ocultar su miedo.
—¿Qué quieres?
Kael respondió.
—Tu reino.
El rey comenzó a reír.
—Aunque me mates...
Otro ocupará mi lugar.
Kael negó lentamente.
—Ese es el problema.
Siempre creen que el poder les pertenece.
Clavó Mors Aeterna frente al trono.
La espada emitió un pulso oscuro.
La corona del rey se partió en dos y cayó al suelo.
Kael la observó.
—Desde hoy...
No volverás a gobernar.
Kael dio media vuelta.
No tomó el trono.
No se proclamó rey.
Solo abandonó el castillo.
Los habitantes comprendieron algo.
El Fundador no conquistaba para gobernar.
Conquistaba para destruir el antiguo orden.
Muy lejos...
La noticia llegó al Imperio.
Un consejero murmuró:
—Ya no derriba reinos...
Está derribando la idea misma de los reyes.