Esa noche...
Selene volvió a aparecer.
Encontró a Kael observando el castillo destruido.
—Pudiste tomar el trono.
¿Por qué no lo hiciste?
Kael respondió sin apartar la vista.
—No vine a convertirme en rey.
Vine a acabar con este mundo.
Selene lo miró fijamente.
No encontró orgullo.
Solo una determinación absoluta.
—¿Y después?
Kael respondió.
—Construiré otro.
Aunque tenga que cargar con el odio de todos.
Selene guardó silencio.
Por primera vez...
Dudó de todo lo que había oído sobre el Fundador.
Cuando se marchó...
Pensó para sí misma:
"¿Y si el verdadero monstruo no es él... sino el mundo que lo creó?"
Mientras tanto...
En las profundidades de un templo olvidado...
La tercera puerta de los Diez Sellos comenzó a abrirse lentamente.
Una voz grave resonó en la oscuridad.
"El Fundador sigue avanzando..."
"Es hora de que despierte el tercer Apóstol."
Una figura abrió lentamente los ojos.
Solo se distinguía una enorme lanza negra... y una sonrisa.