La noticia de la caída de Valdren recorrió Duskaria.
Para detener al Fundador...
El Imperio envió a uno de sus mejores generales.
Alaric, el Rompefortalezas.
Más de veinte mil soldados marchaban junto a él.
Kael caminó solo hasta el campo de batalla.
Darius dio un paso al frente.
—Mi señor, iremos con usted.
Kael negó.
—No.
Esta guerra...
Es entre él y yo.
Alaric sonrió.
—Por fin conozco al monstruo.
Dicen que eres invencible.
Veamos cuánto duran esas leyendas.
Su espada descendió con una fuerza monstruosa.
El impacto levantó una nube de polvo.
El suelo se partió.
Cuando el humo desapareció...
Kael seguía de pie.
Sin una herida.
Solo había detenido el golpe con Mors Aeterna.
Entonces...
Sonrió.
No era una sonrisa alegre.
Era tranquila.
Vacía.
Como si acabara de encontrar algo divertido.
Alaric sintió un escalofrío.
—¿Por qué... sonríes?
Kael respondió:
"Porque llevas toda tu vida creyendo que la fuerza nace del poder..."
"...cuando en realidad nace de aquello que estás dispuesto a perder."