Alaric comenzó a atacar sin descanso.
Un golpe.
Diez.
Cien.
La montaña entera se derrumbaba.
Pero Kael...
No retrocedía.
Ni un paso.
Los soldados comenzaron a murmurar.
—¿Qué clase de monstruo es?
—¿Por qué no cae?
Kael levantó lentamente la mirada.
Su sonrisa seguía allí.
—¿Eso era todo?
Alaric rugió y reunió toda su energía.
Su espada brilló con una luz roja.
Descendió como un meteorito.
¡BOOOOOOM!
La explosión destruyó una parte del valle.
Cuando el polvo desapareció...
Kael seguía de pie.
Su ropa estaba rasgada.
Una pequeña gota de sangre caía por su frente.
Sonrió un poco más.
—Al fin...
Eso dolió.
Los soldados retrocedieron aterrados.
No por el poder.
Sino porque aquel hombre...
Parecía disfrutar encontrar a alguien capaz de herirlo.
Kael levantó su espada.
"Solo quien ha aceptado su propia muerte..."
"...deja de temerle a cualquier enemigo."