Alaric cayó de rodillas.
Su espada estaba hecha pedazos.
Respiraba con dificultad.
Miró a Kael.
—¿Por qué... no me matas?
Kael caminó lentamente.
Pasó de largo.
Sin siquiera mirarlo.
—Porque un cadáver no puede contar historias.
Hazlo tú.
Diles...
Lo que viste hoy.
Alaric bajó la cabeza.
Por primera vez en su vida...
Sentía miedo.
No del combate.
Sino del hombre que había perdonado su vida.
Esa misma noche...
En todas las tabernas de Duskaria comenzó a escucharse una nueva frase.
"Si el Fundador sonríe..."
"...ya es demasiado tarde para escapar."
Muy lejos...
En una sala oculta del Imperio...
Doce figuras permanecían sentadas alrededor de una mesa circular.
El Emperador habló con voz grave.
—Los generales ya no bastan.
Despierten...
A los Doce Ejecutores Imperiales.
Uno por uno, doce pares de ojos comenzaron a abrirse.
Y entre ellos...
Una mujer de cabello plateado sonrió.
—Así que el Fundador al fin apareció...
Perfecto.
Llevo años esperando a alguien capaz de matarme...
O de obligarme a vivir.