Aurelius descendió como un rayo.
La luz y la oscuridad chocaron.
El cielo se partió.
Las montañas temblaron.
Durante horas...
Ninguno cedía.
Por primera vez...
Kael recibió varias heridas.
La sangre cayó sobre el suelo.
Aurelius sonrió.
—Lo ves...
Hasta tú puedes morir.
Kael respondió.
—Nunca dije lo contrario.
La batalla alcanzó su punto máximo.
Aurelius atravesó el pecho de Kael con su lanza.
Darius gritó.
—¡¡KAEL!!
Pero...
Kael sonrió.
La sangre caía lentamente.
Miró directamente a Aurelius.
Y dijo:
—¿Eso era lo que llamabas eternidad...?
Con una mano sujetó la lanza.
Con la otra levantó Mors Aeterna.
—Entonces simplemente...
La espada descendió.
—...aún no habías conocido tu muerte.
La luz de Aurelius comenzó a apagarse.
Sus alas desaparecieron.
Por primera vez en miles de años...
El inmortal cayó de rodillas.
Miró sus manos.
—¿Cómo...?
Kael respondió.
—Porque ninguna vida está por encima de la muerte.
Aurelius sonrió con tristeza.
—Ahora...
Lo entiendo...
Y cerró los ojos para siempre.
Todo el ejército imperial quedó inmóvil.
Su símbolo...
Había caído.