Esa noche...
Los diez Apóstoles estaban reunidos.
Kael permanecía de pie frente a ellos.
—El Imperio ya entendió.
No busca capturarme.
Busca exterminarnos.
Azrak preguntó.
—¿Qué ordena, mi señor?
Kael desenvainó lentamente Mors Aeterna.
La oscuridad envolvió toda la sala.
Su voz fue tranquila.
Pero absoluta.
—Desde hoy...
...no responderemos a los ataques del mundo.
Silencio.
—Seremos nosotros quienes golpeemos primero.
Todos los Apóstoles inclinaron la cabeza.
—Sí, mi señor.
Kael caminó hacia la salida.
Antes de abrir la puerta dijo una última frase.
—Los hombres creen que el destino es un camino...
Giró apenas el rostro.
Una sonrisa apareció.
—Yo demostraré...
...que el destino también puede morir.
La puerta se abrió.
Y el Fundador salió a la noche.
Muy lejos...
En un templo oculto entre las nubes...
Doce tronos de piedra comenzaron a iluminarse.
Una voz antigua habló.
—Ha llegado el momento.
Despierten...
Los Doce Semidioses del Zodiaco.
Uno a uno...
Sus ojos comenzaron a abrirse.
Y el primero en sonreír llevaba grabado en su armadura el símbolo de Aries.